Apenas entró, vio a toda la familia rodeando a Kiara, emocionadísimos, diciendo quién sabe qué.
En la sala, la enorme pantalla de la tele escupía el noticiero:
—Las autoridades de seguridad nacional desmantelaron con éxito un grave caso de espionaje extranjero y detuvieron a múltiples criminales que intentaban robar secretos estratégicos. En esta operación, la señorita Ibarra y el señor Carrasco tuvieron un papel clave y decisivo. Por su mérito sobresaliente, serán reconocidos oficialmente.
¿La señorita Ibarra? ¿El señor Carrasco?
Pamela se quedó congelada y, por reflejo, volteó a ver a Kiara.
La chica, rodeada como si fuera el centro del universo, sostenía un reconocimiento con un sello rojo oficial y una medalla dorada que brillaba. Sonreía apenas, aceptando los halagos.
El reconocimiento y la medalla que tenía Kiara en las manos… eran idénticos a los que el noticiero estaba mostrando: los que el más alto mando del Ministerio de Defensa había mandado entregar, personalmente, a la “señorita Ibarra” y al “señor Carrasco”.
¿La “señorita Ibarra” del noticiero era Kiara?
¿La que había hecho un “aporte sobresaliente” y ayudado a reventar un caso de espionaje… era Kiara?
¿No manches… cómo?
¿Ella, una chava de rancho, con qué capacidad iba a meterse en algo así?
Pamela se quedó ida.
La familia Ibarra, viendo ese reconocimiento rojo y esa medalla brillante, estaba emocionadísima.
Ellos sabían que su nieta/hija/hermana era especial, pero no imaginaron que…
Tan especial.
¿Todo este tiempo que andaba ocupada… era porque estaba trabajando para el gobierno?
¿Y en algo tan grande?
No sabían qué había hecho exactamente —por obvias razones—, pero ese reconocimiento oficial decía más que suficiente:
Su niña había hecho algo enorme.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste