Rosana se quedó petrificada. Levantó la vista, aún sin procesar lo que acababa de pasar.
Kiara tenía una mano metida en el bolsillo del pantalón, parada ahí con una calma absoluta. Con la otra mano, había interceptado el golpe de Sabrina.
Sus largos y pálidos dedos sostenían la muñeca de la chica. A simple vista, parecía que solo la estaba agarrando con suavidad.
Pero bastó con que moviera los dedos un par de milímetros para que el rostro de Sabrina se desfigurara por el dolor. Intentó zafarse con todas sus fuerzas, pero era imposible. Estaba atrapada como en una prensa de acero.
—¡Kiara Ibarra! —chilló Sabrina, roja de furia y de dolor, soltando un grito desgarrador.
Kiara apenas y levantó la vista. La miró de reojo con una frialdad glacial, observando su cara contorsionada, y luego la lanzó hacia atrás como si estuviera tirando una bolsa de basura a la calle.
Sabrina salió volando y cayó al suelo con un golpe sordo, chillando y retorciéndose de dolor.
Rosana no daba crédito a lo que veían sus ojos. Observó la escena con la boca abierta.
¡La capitana acababa de... de romperle la muñeca a la señorita Benítez en público!
Si esto llegaba a oídos del profesor Cáceres... ¡iban a castigar a la capitana! Y todo por haberla defendido...
—¿Te quedaste en pausa? —Kiara se dio la vuelta y miró a Rosana, con sus ojos gélidos posándose en el rostro medio oculto por el flequillo de la chica—. No acepto cobardes en mi equipo que solo saben quedarse parados esperando el golpe.
—L-lo siento... —se apresuró a disculparse Rosana—. Es que no supe qué hacer, te juro que... que no volverá a pasar.
—Más te vale —Kiara pareció complacida por su actitud.
Pasar de ser una chica temerosa que hablaba en susurros a atreverse a gritarle sus verdades a la villana en frente de todo el mundo... era un avance enorme. Merecía reconocimiento.
Kiara lo pensó un segundo, arqueó una ceja y añadió:
—Lo hiciste muy bien allá atrás. Sabes defender a los tuyos.
Las pestañas de Rosana temblaron de repente.
Sus ojos se abrieron de par en par, más grandes a cada segundo.
La capitana... ¿la acababa de felicitar?


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste