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Jaque de la Reina romance Capítulo 31

En su vida anterior, ni Samuel ni Gabriel habían asistido personalmente a la subasta, delegando las pujas a asistentes por teléfono.

Esta vez, probablemente debido a su intervención, el curso original de los acontecimientos había tomado un giro inesperado.

Al contemplar a Samuel y Anastasia juntos, Esther sintió una extraña satisfacción.

¡Esto confirmaba públicamente que su compromiso con Samuel había terminado!

—¡Mira, mira! ¿No es esa la señorita Anastasia Miravalle? —susurró una voz entre la multitud.

—El presidente De la Garza nunca trae compañía femenina, ¿verdad?

—Todo porque alguien se creía demasiado importante, atreviéndose a romper el compromiso con el presidente De la Garza. Y mírenla ahora, completamente desechada, convertida en una mujer que nadie va a querer. Apuesto a que se está muriendo de arrepentimiento.

—¿No sabe todo Cancún que el compromiso entre los Montoya y los De la Garza fue un logro de Esther? ¡Se le subieron los humos! El presidente De la Garza podría encontrar reemplazo al día siguiente, pero ¿ella? Ya no habrá nadie en Cancún que la voltee a ver.

Un grupo de damas de sociedad no se contuvo al murmurar sobre Esther, quien se encontraba a poca distancia.

Ella había llegado unos minutos antes que Samuel y Anastasia.

Ya era hora de entrar al evento, pero ese endemoniado Gabriel había insistido en que esperara afuera.

Definitivamente debió acumular mal karma en su vida pasada para terminar provocando a semejante demonio.

Ahora veía que Gabriel y Samuel no eran tan distintos.

No era casualidad que estos dos estuvieran destinados a una batalla a muerte, tanto en su vida anterior como en esta.

—Esther, ya déjate de ilusiones con el presidente De la Garza. Ya tiene a Anastasia, ¿para qué vienes aquí a dar lástima?

—Exacto, hace unos días presumías que romperías el compromiso, y mírate ahora, persiguiéndolo como perrito faldero. Qué pena, una sustituta siempre será una sustituta. Ahora que el presidente De la Garza tiene a su verdadero amor, ¿crees que te volteará a ver siquiera?

—Se lo buscó ella solita, consiguió ser la futura señora De la Garza solo para tirarlo todo por la borda. Ni siquiera se ha visto en un espejo, ¿de verdad pensaba que podía competir con la señorita Miravalle?

Las mujeres del círculo social que codiciaban el título de señora De la Garza no podían esperar para regodearse en su caída.

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