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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1474

"Hana"

Cuando sentí el líquido caliente escurriendo por mis piernas una mezcla de miedo y preocupación se insinuó en mi corazón, pero necesitaba respirar profundo y mantener la calma por el bien de mis hijos. No los estaba esperando ahora, esperaba que todavía demoraran por lo menos tres semanas más en venir al mundo, pero tenían prisa y al final eligieron un día hermoso para nacer, ¡un día de fiesta!

Me puse feliz de tener al médico a mi lado y de que Rafael hubiera pedido la ayuda de Flavio, así llegaríamos más rápido al hospital. ¡Solo que no contaba con que Flavio manejara como quien está escapando del apocalipsis!

Tan pronto llegamos al hospital ya había una pareja de enfermeras sonrientes con una silla de ruedas esperándome y fui llevada directo a un cuarto, porque el Dr. Molina providenció todo por teléfono durante nuestro trayecto.

—Muy bien, Hana, ahora vamos a echarle un vistazo a cómo están estos dos pequeños traviesos. —El Dr. Molina entró al cuarto tan pronto la enfermera terminó de acomodarme. Se detuvo a mi lado y sostuvo mi mano—. ¿Preparada para la fase más loca de tu vida?

—¡No puede ser más loco que todo lo que ya pasó, doctor! —me reí.

—¡Ay, sí que puede! Espera hasta que empiecen a pelear con los amiguitos en la plazoleta. —Se rio—. Pero, ¿sabes qué?, ¡van a ser los mejores años de tu vida! Ahora vamos a ver cómo están estos dos!

El Dr. Molina sonrió y asumió su posición, me examinó y después hizo un ultrasonido.

—Está todo bien, ¿no es así, Dr. Molina? —preguntó Rafael ansioso y el médico levantó la cabeza y sonrió.

—¡Está todo como la madre naturaleza quiere que sea, Rafael! ¡Sus pequeñitos están muy bien! Me atrevo a decir que todavía están bailando en la panza de mamá y disputando quién va a nacer primero. —Sonrió y se volteó hacia mí—. ¿Cuándo empezaron las contracciones, Hana? ¡De verdad! Porque te dije hoy cuando llegué al bar que tu panza estaba más baja y me dijiste que no estabas sintiendo nada.

—Sinceramente, Dr. Molina, sentí la primera contracción a las cinco de la mañana, pero fue leve y demoró hasta que sentí la segunda, pero estaban muy leves y usted me dijo que debía preocuparme cuando se volvieran más fuertes y más regulares como ahora. —Puse la mano en la panza y apreté los ojos sintiendo la primera contracción fuerte.

—¡Excelente! Eso significa que ya van doce horas. Rafael, marca el tiempo entre una contracción y otra por favor. —pidió el médico mientras yo aliviaba la presión en la mano de Rafael.

—¡No me dijiste nada, mi loca! —Rafael me miró agonizado.

—Porque ibas a querer venir al hospital y todavía no era la hora y teníamos el bailecito y adoré estar ahí en el momento en que estas pestecitas resolvieron dar señales de vida. —expliqué y él besó mi mano.

—Hana, estás entrando en la fase activa del parto, tus contracciones se van a volver más fuertes, tus bebés se van a posicionar para nacer y vamos a rezar para que tengas la dilatación necesaria, pero, como acordamos, si percibo que tú o los bebés están sufriendo, haremos una cesárea. ¿Recuerdas que hablamos de esto? —me recordó el Dr. Molina.

—Sí, doctor, usted haga todo como crea mejor, ¡confío en usted! —respondí.

—Querida, sé que eres capaz de aceptar un nivel absurdo de dolor, porque eres una fortaleza, pero no estás sola y necesitas ser sincera conmigo, con Rafa y con mi equipo para que podamos ayudarte. Va a doler, Hana, pero ese dolor te va a traer un pedazo del paraíso y vamos a intentar dejarte lo más cómoda posible, ¡así que trata de relajarte y disfrutar la experiencia de convertirte en madre! —El consejo del médico fue un alivio para mí, porque me hizo sentir respaldada y acogida.

—¡Aaaah! —Sentí un dolor aún más fuerte y apreté la mano de Rafael, mientras la enfermera conectaba el suero en mí y agregaba algo a él.

—Voy a dejarlo todo organizado y ya vuelvo. —El Dr. Molina salió del cuarto y sentí a Rafael dándome un beso en la mano.

—¿Cuándo vas a aprender que no estás sola? —Me miró con ojos dulces, no era un reclamo, era más como un recordatorio.

—¡No quería perderme el bailecito! —ronroneé y él rio y me dio un beso en la boca.

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