Punto de vista de Avery
Mi madre me abrochó el último botón del vestido con manos que no habían dejado de temblar en todo el día.
—Listo —dijo, danto un paso atrás para mirarme. El vestido era sencillo, color marfil, con mangas hasta el codo, nada verdaderamente espectacular, pero era exactamente lo que yo había querido. Sus ojos lo recorrieron de arriba abajo, y tuvo que secarse las lágrimas con el pañuelo que había estado guardando para la ceremonia.
—Bueno —dijo ella—. Supongo que llegó el momento.
Sonreí, di un paso al frente y la envolví en un abrazo. Mi madre se dejó llevar con facilidad, sollozando contra mi hombro.
—No me voy a ninguna parte —me reí—. Solo voy a decir unos votos, tener una fiesta y volver a casa.
—Aun así —se apartó lo suficiente para mirarme y me acunó el rostro con una mano que todavía temblaba—. Te miro y sigo viendo a loba asustada de hace tantos años, y esta noche vas a ser una Luna, y... todo es demasiado para tu anciana madre.
—Confía en mí —dije, mirando por la ventana, donde podía ver a Bjorn paseando por el césped con las manos en los bolsillos de su pequeño esmoquin, pareciéndose demasiado a Gideon—. Estoy segura de que algún día sabré lo que se siente.
Mi madre soltó una risita ahogada mientras seguía mi mirada.
—Algo me dice que ese cachorro será alguien completamente diferente cuando sea mayor. En nada se parecerá al que conocemos ahora.
Le lancé una mirada de advertencia.

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