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La amada Luna del Alfa sin corazón romance Capítulo 593

Punto de vista de Bjorn

—¿Sientes eso?

​Mi lobo levantó la cabeza, olfateando el aire, justo cuando estaban a punto de sacar el pastel.

​Mi estómago rugió.

​—¿Tenemos que seguir eso ahora mismo? Quiero pastel...

​—Tenemos que hacerlo. Por favor.

​Exhalé un suspiro, mirando en la dirección hacia donde mi lobo me había estado arrastrando toda la noche. Hacia el bosque, tal como la noche de hace un año cuando encontré a mamá allá afuera. Pero la cuestión era que mamá estaba justo aquí. La atracción se sentía diferente esta vez. Me había sentido diferente en todo el día, todavía plateado, pero más fuerte, como si algo más me estuviera llamando hacia el bosque.

​No era una mala sensación. Pero sí era molesta. Porque me tomó rogar mucho a mamá y a papá de pedir pastel de Red velvet y realmente quería una rebanada.

​Sin embargo, mi lobo no dejaba de gemir. Así que me dije a mí mismo que solo iríamos a dar un vistazo rápido y estaríamos de vuelta a tiempo para el pastel.

​Nadie me detuvo al alejarme de la fiesta. Todos estaban ocupados mirando a mamá y a papá, yo ya tenía once años, y me había vuelto bueno para caminar como si tuviera un lugar importante al cual ir. Me escabullí pasando la última mesa, pasando el último frasco con una vela, y me adentré en la oscuridad bajo los árboles, y la atracción continuó tirando, suave y firme, hasta el prado donde el terreno descendía.

​Sabía qué flores eran antes de estar lo suficientemente cerca para verlas bien.

​Angélica, creo que se llamaban. Era como manumá siempre las llamaba, allá en los días en que me enfermaban. Ella siempre me decía que me mantuviera alejado de ellas, pero esta noche no podía. Tallos altos, pétalos blancos, un campo entero resplandeciendo bajo la luna, y eran tan hermosas esta noche que simplemente no podía detenerme.

​Papá no podía pasar junto a un matorral sin que su lobo se volviera loco, tal como solía hacer el mío. Todavía recordaba la primera vez que sucedió cuando era un cachorro. O al menos, recordaba las consecuencias. Recordaba despertar y descubrir que mi salón de clases había sido destruido por mi lobo y que todos los demás compañeros estaban asustados, y yo no recordaba nada de eso.

​Después de eso, mamá me habló sobre la maldición de la Sangre de Demonio. Dijo que estaba en mi ADN o algo así. Dijo que necesitaba mantenerme alejado de esas plantas. Me mostró cómo se veían, cómo identificarlas y, sobre todo, cómo despertar cuando sucediera. Siempre guardaba una pequeña bolsa de hojas de menta en mi bolsillo solo para eso.

​Todavía estaba allí esta noche, metida en mi esmoquin que se parecía al de papá. La saqué, sujetándola con fuerza, y luego di un paso hacia las flores.

​Cuando mi pie tocó las flores por primera vez, pensé que volvería a suceder. Esa extraña sensación de borrosidad, luego la oscuridad, y después despertar sin recordar nada. Me tensé, esperando a que llegara.

​Pero no sucedió.

​No pasó nada en absoluto.

​Di otro paso, y otro, y luego me senté justo en medio del matorral con las flores por encima de mi cabeza y la luna descendiendo a través del blanco, y me reí sin saber qué era lo gracioso.

​Fue como el momento justo antes de dormir, excepto que estaba bien despierto, y vi a un lobo de pie en un campo de estas mismas flores frente a la casa. Era alto como papá y tenía los ojos de mamá, y me tomó un tiempo comprender que me estaba mirando a mí mismo.

​Adulto. Viejo, incluso. De treinta, al menos. Había lobos a su alrededor, pequeños y grandes, y la angélica crecía directo hasta los escalones del pórtico como si nunca nadie le hubiera tenido miedo, y supe, de la forma en que sabes las cosas en los sueños, que ningún líder de Lobo Nocturno había estado jamás en un campo así antes, y que yo iba a ser el primero.

​Luego me soltó, lentamente, como cuando mamá no quiere dejar de abrazarme, pero sabe que tiene que hacerlo.

​Después, me recosté en las flores y me quedé allí. No sé por cuánto tiempo. El tiempo suficiente para que la luna se moviera por el cielo. El tiempo suficiente para escuchar pasos viniendo por la hierba, y la voz de mamá llamando mi nombre, y la de papá justo detrás.

***

​Pumto de vista de Avery

​Dejamos la fiesta por el sendero trasero, siguiendo la dirección a la que nuestro hijo había estado mirando fijamente toda la noche.

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