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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 231

Tras el revuelo por el anuncio de la boda, la familia comenzó a acomodarse alrededor de la mesa en el jardín. El sol del mediodía caía agradable, entre el aroma de la comida recién servida y las risas que no cesaban.

Danna se acercó en silencio a la barra del buffet para servirse un poco de ensalada, intentando que el trágame-tierra de hace un rato quedara en el olvido. De pronto, una sombra imponente se proyectó a su lado.

Dimitric tomaba un vaso de agua con hielo, haciendo girar los cubos antes de mirarla de reojo.

—Si sigues presionando el plato de esa manera, vas a atravesar la porcelana —dijo él, con una sonrisa baja y divertida.

Danna dio un leve brinco y acomodó un mechón rebelde detrás de su oreja, recuperando de inmediato la postura recta.

—Disculpe, señor Pierce... Estaba algo distraída, es todo —respondió ella con voz suave, manteniendo la distancia.

—¿Distraída o huyendo de las burlas de los muchachos? —Dimitric apoyó un codo en la barra, girando el cuerpo hacia ella. Llevaba la camisa impecable y su aroma era exquisito y varonil—. No tienes por qué sentir pena. A mi edad, que una mujer joven me llame guapo es casi un favor al ego.

Danna sintió que las mejillas le volvían a arder, pero apretó los labios y sostuvo la mirada con serenidad.

—No fue un piropo, señor Pierce —aclaró ella con firmeza educada—. Solo fui observadora. El bebé tiene sus facciones, nada más. No vaya a pensar que…

Dimitric dejó escapar una risa profunda, rasposa, que hizo vibrar el aire entre los dos.

—Menos mal —murmuró él, bajando un poco la voz con un matiz más íntimo—. Mi temperamento me costó caro en la vida y unos cuantos meses en rehabilitación. No le desearía esa herencia al pequeño. Tranquila ya no me dejo llevar por suposiciones.

Danna pausó el movimiento de las pinzas de la ensalada. Le sorprendió la soltura con la que un hombre de su porte hablaba de sus fallos, sin máscaras.

—Es bastante directo para hablar de sus asuntos, señor —comentó ella en tono bajo, mirándolo con cierto respeto reservado.

—A mi edad se aprende a no cargar peso innecesario —respondió Dimitric, dando un trago a su agua sin quitarle los ojos de encima—. Perdí demasiado tiempo haciendo estupideces. Ahora prefiero la verdad... aunque a veces intimide a las jovencitas.

Danna ladeó la cabeza, manteniendo la compostura.

—Tengo treinta años, señor Pierce. No soy ninguna niña para que intente intimidarme.

CAP. 231. EXTRA-3 1

CAP. 231. EXTRA-3 2

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