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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1015

El domingo por la tarde, Úrsula, acompañada por su familia y Amanecer, llegó a la Universidad de Villa Regia.

Apenas entró al dormitorio, Minerva y Selena la recibieron.

—¡Úrsula! ¡Por fin regresaste, te extrañamos muchísimo! —dijo Selena, tomando la mano de Úrsula—. ¡Qué suerte que no tuviste que hacer el entrenamiento! Míranos a Minerva y a mí, ¡parecemos tomates de lo quemadas que estamos!

No solo Selena y Minerva, casi todas en el dormitorio se habían bronceado al menos diez tonos. Lo único que les quedaba blanco eran los dientes.

Solo Úrsula seguía con la piel blanca como la nieve, como si estuviera en una categoría diferente al resto.

Al escuchar a Selena, Abril levantó la vista hacia Úrsula, y una sombra oscura cruzó su mirada.

«Maldita estúpida».

«¿Por qué ella tuvo que quemarse como un carbón mientras esta estúpida seguía intacta?».

Úrsula lo hacía a propósito, para opacarla.

La belleza siempre se resalta con la fealdad. Úrsula usaba su piel oscura para resaltar su propia blancura. Si no, ¿cómo podría mantener su título de reina de la Universidad de Villa Regia?

¡Descarada!

Y además, por culpa de Úrsula, David la había regañado duramente.

Cada vez que recordaba a David gritándole por una extraña, a Abril le hervía la sangre.

«¡Ya verás!».

«Me vengaré de esto y haré que Úrsula se largue de la Universidad de Villa Regia».

Al pensar en esto, una luz siniestra apareció en los ojos de Abril.

—No se preocupen —dijo Úrsula, mirando a Selena—. Traje una crema blanqueadora, especial para reparar la barrera de la piel dañada por el sol. Si la usan, se recuperarán muy rápido.

Dicho esto, Úrsula sacó la crema de su maleta y se la dio a Selena y a Minerva.

—¡Wow, gracias, Úrsula!

Minerva y Selena aceptaron con alegría los productos que Úrsula les ofreció.

—Úrsula, ¡acabo de recibir un premio de más de dos mil pesos! Esta noche las invito a cenar a ti y a Selena —añadió Minerva.

—Claro que sí —dijo Úrsula, sonriendo.

—Entonces mañana por la noche invito yo —dijo Selena.

Abril las miró con sarcasmo. ¿Dos mil pesos?

¿Pozole?

¡Probablemente el conocimiento de Úrsula se limitaba a ese tipo de comida callejera de baja categoría!

Selena estuvo de acuerdo.

—¡Sí, sí, yo también hace mucho que no como!

Minerva frunció el ceño.

—Es la primera vez que las invito a comer, ¿no sería un poco tacaño ir por un pozole?

El pozole era demasiado barato, las tres podían comer hasta hartarse y aun así no gastarían más de cien pesos.

—No te preocupes, lo que importa en una invitación es la intención, no el precio —dijo Úrsula—. Con la intención basta, ¡y de verdad se me antoja mucho el pozole!

Selena asintió.

—Úrsula tiene razón. Así que, Minerva, tu tarea más importante ahora es encontrar un buen lugar de pozole.

***

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