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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1021

Ximena miró a Alan, que tenía un aire elegante e imponente, y la emoción apenas la dejaba hablar.

—Señor… señor Gómez, yo… soy compañera de cuarto de la señorita Solano, ¡me llamo Ximena! Alguien de nuestro cuarto le robó un collar de doscientos mil pesos a la señorita Solano, y la ladrona no solo no se disculpa, ¡sino que la está molestando!

Al oír eso, Alan se sintió morir de la angustia.

Que le robaran y encima la molestaran… No había que ser un genio para saber que Ami debía sentirse fatal. Si no, jamás habría mandado a alguien a buscarlo.

—¡Cómo! ¿Alguien está molestando a Ami?

El rector también se puso de los nervios.

¡Esto era la Universidad de Villa Regia!

Y la persona a la que estaban molestando era la hermana de Alan.

Un momento…

¿Quién era la hermana de Alan?

¿Amelia, la hija de la familia Solano?

¡Dios mío!

Se acabó, se acabó.

Esta vez sí que se habían metido en un problema mayúsculo.

Al ver la reacción de Alan, Ximena se sintió muy satisfecha. Sabía que había hecho lo correcto al venir.

Por cómo actuaba Alan, era evidente que adoraba a su hermana.

«¡Ya verás!», pensó. «A esa zorrita de Úrsula se le acabó la suerte».

Robar no es cualquier cosa.

«Que se vaya despidiendo de la Universidad de Villa Regia».

—¡Llévame para allá, rápido! —insistió Alan.

—Claro —dijo Ximena, levantándose de inmediato—. Señor Gómez, sígame.

El rector se apresuró a seguir a Alan.

—Señor Gómez, no se preocupe. Tenga por seguro que la Universidad de Villa Regia le dará una solución satisfactoria a este asunto.

Alan, con el rostro serio, no dijo nada y solo aceleró el paso.

Ximena iba al frente.

La puerta del cuarto estaba abierta.

Abril, Úrsula y las demás seguían enfrentadas.

Al oír los pasos, Tatiana se emocionó.

—¡Ya vienen, ya vienen! ¡Seguro es Ximena con el señor Gómez! Ahora sí, que alguien se prepare para lo peor.

Abril respiraba con dificultad, pálida, y rezaba en su interior para que fuera la policía, que fuera la policía y que por nada del mundo hubieran encontrado a Alan.

¡Ojalá la policía se las llevara a todas a la delegación!

Mientras no viera a Alan, podría librarse de esta.

En ese momento, Ximena entró corriendo, muy emocionada.

—Señorita Solano, ¡mire a quién traje!

***

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