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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1023

Alan era listo; en cuanto escuchó la historia, entendió que se trataba del clásico truco del ladrón que grita «¡al ladrón!».

—Muy bien, pero qué muy bien —dijo Alan, mirando al rector—. Rector Julián, ¡resulta que las estudiantes de su universidad le tienden trampas a mi hermana!

Julián, que ya estaba nervioso, empezó a sudar frío al oír el grito de Alan.

Al escucharlo, Ximena y Tatiana se asustaron tanto que cayeron al suelo.

—Señorita Solano, señorita Solano, nosotras no tenemos nada que ver. Fue Abril la que nos obligó a hacerlo. Siempre usaba su identidad como hija de la familia Solano para presionarnos y hacer que la aisláramos a usted.

—Échele la culpa a esa desgraciada de Abril, ¡nosotras no tuvimos nada que ver!

—¡Le suplicamos que sea magnánima y no nos lo tome en cuenta!

—¡Cállense, cállense las dos! —gritó Abril. No podía creer que las dos chicas que siempre le habían sido tan leales la estuvieran traicionando en cuanto aparecieron los problemas—. ¡Yo nunca les pedí que le hicieran daño a Úrsula, fueron ustedes las que se pasaron de listas! Al final, todo es culpa de sus malas intenciones, ¿qué tengo que ver yo en esto?

—¡Abril, la que debería callarse eres tú! Si no te hubieras hecho pasar por la hija de los Solano, ¿crees que nos habríamos metido con la verdadera señorita Solano?

Las tres, que antes eran uña y mugre, se desmoronaron en un instante, discutiendo hasta ponerse coloradas.

*Nino-nino-nino…*

De repente, el sonido agudo de una sirena de policía se escuchó desde abajo del edificio.

Luego, un grupo de policías uniformados entró en el dormitorio.

Las dos que iban al frente eran mujeres.

—¿Quién llamó a la policía?

—Fui yo —respondió Úrsula, dando un paso al frente.

La oficial la miró y sacó una pequeña libreta.

—Cuénteme qué fue lo que pasó.

Mientras Úrsula hablaba con la policía, Abril entrecerró los ojos.

Ahora que Alan la había desenmascarado, se había convertido en el enemigo público de los Gómez y los Solano, y en el hazmerreír del dormitorio.

Sabía que ninguna de las dos familias la perdonaría.

Abril, con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, puso cara de ser la víctima más grande del mundo.

—Oficial, ese collar fue un regalo de cumpleaños de mi madre, por favor, les ruego que me ayuden a encontrarlo.

Tras entender la situación, las oficiales comenzaron a registrar las camas de Úrsula, Selena y Minerva.

El tiempo pasaba.

Justo cuando todos empezaban a dudar si a Abril de verdad le habían robado algo, una de las policías encontró un collar de diamantes en la cama de Úrsula.

A Abril se le iluminaron los ojos al instante.

—¡Oficial! ¡Ese es mi collar, el que me regaló mi madre!

Dicho esto, miró a Úrsula.

—¡Así que de verdad fuiste tú quien me lo robó!

***

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