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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1025

Dicho esto, Abril se dirigió a la policía.

—Oficiales, mi collar está valorado en 200 mil pesos, pueden llevarlo a cualquier centro de tasación para confirmarlo. Con un monto tan grande involucrado, ¿no deberían arrestar a Úrsula y esperar a que un tribunal la sentencie?

Aunque nadie estuviera de su lado, aunque nadie la apoyara, ¡podía ganar esta batalla con creces!

Ahora, Abril se alegraba de no haberle contado su plan a Ximena y a Tatiana. Solo ella sabía lo del collar de principio a fin.

Si se lo hubiera contado a ese par de traidoras, conociendo su carácter, ¡seguro que ya la habrían delatado!

La oficial al mando asintió.

—El valor es considerable. Si la investigación confirma que Úrsula robó el collar y la víctima presenta una denuncia, podría enfrentar una pena de tres a cinco años de prisión. Por favor, acompáñennos a la delegación para cooperar con la investigación.

La policía se basa en pruebas y testimonios, en una lógica coherente; no iban a acusar a alguien de robo solo porque el objeto se encontrara en su cama.

—¡Por supuesto que voy a presentar una denuncia! —declaró Abril, mirando a Úrsula—. Y no me importa quién venga a pedirlo, no pienso otorgar ninguna carta de perdón.

Remarcó a propósito las palabras «carta de perdón».

Úrsula le sostuvo la mirada, con la misma calma de siempre.

—¿Estás tan segura de que yo robé tu collar?

—Lo encontraron en tu cama, ¿quién más pudo ser? —dijo Abril, entrecerrando los ojos—. Úrsula, ¡no creas que por ser la hija de los Solano te vas a salir con la tuya! Esta vez, nadie podrá protegerte. Estás acabada.

Abril se sentía exultante.

Sabía que, sin testigos ni pruebas adicionales, a Úrsula le sería muy difícil librarse de la sospecha.

Que Úrsula estuviera tan tranquila solo podía significar una cosa: creía que, como no había huellas suyas en el collar, estaba a salvo.

Cierto.

La policía podía buscar huellas en el collar.

¿Qué pruebas podía tener Úrsula?

¿Acaso iba a limpiar su nombre solo con palabras?

¡Imposible!

Si todo el mundo pudiera librarse de los cargos solo hablando, ¿para qué existirían los abogados?

—¿Dónde están esas pruebas? —preguntó la oficial.

Úrsula giró ligeramente la cabeza, y su mirada se posó en su cama.

La cama de Úrsula, como la de las demás, tenía una cortina alrededor para crear un pequeño espacio privado. La había instalado el primer día que llegó al dormitorio. La tela era opaca, lo que le daba una gran sensación de seguridad para ver series o dormir por la noche.

***

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