—En la esquina superior derecha de la cortina de mi cama, hay una cámara miniatura —dijo Úrsula con calma—. Aunque la cámara solo graba mi cama, como el collar fue encontrado ahí, supongo que la forma en que llegó hasta mi cama debió quedar grabada con toda claridad.
Úrsula no era de las que se quedan de brazos cruzados.
Sabía desde hacía tiempo que Abril no tenía buenas intenciones.
Sabía que con gente como Abril, más valía prevenir.
Por si acaso, el segundo día de clases había instalado una pequeña cámara en la cortina de su cama.
De esa manera, se protegía a sí misma sin invadir la privacidad de las demás en el dormitorio.
Solo que no esperaba que la cámara le fuera a ser útil tan pronto.
Al escuchar a Úrsula, el rostro de Abril cambió.
¡¿Qué?!
¿Una cámara?
Úrsula había puesto una cámara en su propia cama.
Abril solo había considerado que no se podían instalar cámaras en el dormitorio, por lo que nadie podría probar que ella había puesto el collar en la cama de Úrsula. Lo que nunca se imaginó es que a Úrsula se le ocurriría la locura de vigilarse a sí misma con una cámara.
«¿Y ahora qué?».
«¿Qué iba a hacer?».
Abril apenas podía mantenerse en pie.
Ese collar valía doscientos mil pesos. Si Úrsula de verdad tenía una cámara, estaba acabada.
Conociendo a los Solano y a los Gómez, su final sería terrible.
Pero aun así, se esforzó por mantener la calma.
«Es mentira».
«Tiene que ser mentira».
«Seguro que Úrsula solo me está intentando asustar».
Como no tenía pruebas para demostrar su inocencia, quería que ella misma se delatara por los nervios.
¡Qué risa!
¿De verdad creía que se asustaba tan fácil?
No caería en la trampa de Úrsula.
—Entonces, revisaremos desde las cuatro de la tarde de ayer.
La aplicación permitía avanzar rápidamente.
Podían usar una velocidad de diez veces para acelerar el proceso.
Úrsula, Alan, Selena y Minerva se acercaron a la policía para ver la grabación con atención.
Abril se quedó al otro lado, observándolas con los ojos entrecerrados.
No se creía que Úrsula realmente hubiera instalado una cámara en su cama.
Seguro era una de sus artimañas.
No iba a caer.
El tiempo pasaba.
Ya había transcurrido media hora.
Al ver que no había ninguna reacción del lado de la policía, Abril se convenció aún más de que no había ninguna cámara, de que todo era una farsa.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...