Al ver a la mujer de mediana edad aparecer de repente, Alejandra se quedó perpleja, ¡en alerta máxima!
¿Quién era?
¿Por qué había una mujer extraña con su padre?
Y encima, con un niño en brazos.
¿Acaso… era la nueva esposa de Enrique y el hijo que habían tenido?
No.
¡Imposible!
Aunque Enrique y Luna se habían divorciado, todavía la tenía a ella, su adorada hija.
¡Enrique nunca tendría hijos con otra persona!
De hecho, el nombre de la empresa de Enrique dejaba claro lo mucho que le importaba su hija.
Fortaleza Global.
¿Acaso el nombre no significaba proteger a Ale?
Seguramente, esa mujer era solo una niñera que Enrique había contratado.
Aunque llevara un niño en brazos, Enrique siempre había sido de buen corazón. Seguramente, al ver que a una mujer de su edad le costaba encontrar trabajo, le había permitido traer a su hijo.
Con estos pensamientos, Alejandra se calmó bastante. Levantó la vista hacia la mujer y dijo:
—Soy Alejandra, ¿tú eres la niñera que contrató mi papá?
La mujer no dijo nada, solo miró a Enrique.
En ese momento, Enrique reaccionó, frunciendo el ceño.
—Esta es mi esposa, y este es mi hijo.
¿Esposa?
¿Hijo?
Los ojos de Alejandra se abrieron como platos.
¡Se había vuelto a casar!
¡Enrique de verdad se había vuelto a casar!
No solo eso, sino que a sus espaldas, había tenido un hijo con otra mujer.
—¡Papá! —Alejandra se derrumbó al instante, gritando furiosa—. ¡Yo soy tu hija! ¡Cómo pudiste tener un hijo con otra persona!
—¿Hija? —Los ojos de Enrique se llenaron de sarcasmo—. Si mal no recuerdo, cuando Luna y yo nos divorciamos, tú la elegiste a ella sin dudar y rompiste toda relación conmigo.
Hizo una pausa, miró a Alejandra y le preguntó:
¡Eso demostraba que todavía le importaba su hija!
¡Era esa mujer!
Seguro que fue esa mujer la que engatusó a Enrique.
Como dice el dicho, ¡con una madrastra viene un padastro!
Si ella y Enrique habían llegado a este punto, todo era por culpa de esa mujer.
Al pensar en esto, la expresión de Alejandra cambió por completo. Se giró hacia la señora Garza y le lanzó una bofetada.
—¡Fuiste tú! ¡Tú, zorra! ¡Tú engatusaste a mi papá! ¡Descarada! ¡Eres una maldita descarada!
Enrique se interpuso frente a la señora Garza, le agarró la muñeca a Alejandra y le gritó:
—¡Alejandra! ¡Hace cinco años que rompimos nuestra relación de padre e hija, somos extraños! ¡Deja de hacer escándalos en mi puerta y de faltarle el respeto a mi esposa! ¡Si no, no me culpes por ser duro contigo!
Dicho esto, Enrique la empujó con fuerza, tirándola al suelo.
*¡Pum!*
Alejandra sintió un dolor agudo en todo el cuerpo, su rostro lleno de incredulidad.
—¡Soy tu hija! —Alejandra miró a Enrique, con lágrimas corriendo por sus mejillas—. ¡Enrique! ¡Cómo puedes tratarme así por una extraña!
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...