—Ya tiene seis semanas —dijo Marcela viendo la alegría de Eloísa, y añadió—: Pero, Eloísa, solo adivinaste la mitad de la noticia. ¡La otra mitad ni te la imaginas!
—¿Hay más? —preguntó Eloísa con curiosidad—. Marcela, dime rápido, ¿cuál es la otra parte?
—Adivina cuántos trae Ami.
¿¿¿???
¿Cuántos?
¡Eloísa pensó que estaba escuchando mal!
Tardó unos segundos en reaccionar antes de preguntar incrédula:
—¿Acaso Ami va a tener gemelos?
La familia Gómez tenía genes de gemelos.
De los ocho hijos que tuvo Eloísa, hubo un par de gemelos.
—No son gemelos —negó Marcela con la cabeza.
¿No son gemelos?
Eloísa se quedó pasmada de nuevo.
—¿No me digas que son trillizos?
Marcela asintió efusivamente.
—¡Sí, sí, sí! ¡Son trillizos! ¿A poco no es Ami la que se llevó el premio mayor?
Al escuchar esto, Eloísa se emocionó todavía más.
Pronto Alan Gómez se casaría con Dominika Galván, así que para Eloísa, esto era una triple celebración.
Las dos ancianas se quedaron platicando por videollamada un buen rato.
Eloísa le encargó especialmente:
—Marcela, cuando sea la boda de Alan y Domi dentro de poco, tú y Fabián tienen que venir a quedarse unos días más a Río Merinda.
La boda de Alan y Dominika estaba programada para dentro de dos meses.
La ceremonia se llevaría a cabo en Río Merinda.
—Claro que sí —asintió Marcela.
Valentina y Úrsula también se unieron a la charla.
Álvaro volteó a ver a Israel y le preguntó:
—Israel, ¿ya pensaron en los nombres de los niños?
Israel negó con la cabeza.
—Todavía no. Papá, si usted tiene alguno bueno, podemos usar los que usted elija.
Alejandra caminó hacia el parque mientras maquinaba su plan.
Ya había estado observando: todos los días alrededor de las tres de la tarde, la niñera que contrató Enrique llevaba al pequeño bastardo a jugar al área infantil del parque.
Efectivamente, poco después de que Alejandra llegara al parque, vio llegar a la niñera con el niño.
Un niño de tres o cuatro años es pura energía; apenas llegó, le llamaron la atención el sube y baja y la resbaladilla, y corrió a jugar.
La niñera le advirtió a Davis Garza:
—Davis, recuerda jugar aquí cerquita, no corras lejos. Yo te guardo el termo, si tienes sed vienes a pedirme agua.
Davis asintió.
—Sí, Isidora, ya sé.
Tras decirle a Davis que no se alejara, la niñera se sentó a un lado y se puso a platicar con unas señoras. Quién sabe de qué hablaban, pero pronto se soltaron a reír, y en todo ese rato, la niñera ni siquiera levantó la vista para checar al niño.
Alejandra miró a su alrededor, entrecerró los ojos y, evitando las cámaras de seguridad, caminó hacia el punto ciego junto a la resbaladilla. Miró a Davis y le habló con voz suave.
—Davis.
Davis, que se parecía mucho a Enrique y era muy lindo, levantó la cabeza al escuchar su nombre y preguntó con curiosidad:
—¿Quién eres?
—Me llamo Alejandra, soy tu hermana mayor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...