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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1090

¿Alejandra?

Davis negó con la cabeza.

—¿Hermana mayor? Pero si yo no tengo hermana.

¿No tenía hermana?

Parecía que ni Enrique ni esa perra de Eva le habían hablado de ella a Davis.

Alejandra entrecerró los ojos, ocultando una mirada llena de malicia.

—De verdad soy tu hermana. Si no me crees, mira esto.

Dicho esto, Alejandra sacó su celular y buscó una foto de ella con Enrique.

Esa foto se la habían tomado hacía seis años.

Era una de las pocas fotos que tenían juntos.

Hacía seis años, Alejandra era la consentida de todos.

Al ver esa foto, Alejandra sintió una punzada extraña en el pecho.

Señaló a Enrique en la pantalla.

—Davis, ¿quién es él?

—¡Es papá! —Aunque Davis era pequeño, reconoció a su padre al instante.

Alejandra sonrió levemente.

—¿Y quién es la persona que está junto a papá?

Davis negó con la cabeza.

—Nunca la he visto.

La Alejandra de hace seis años tenía la piel blanca y hermosa, delicada como una princesa de cuento.

La Alejandra de ahora...

Acababa de salir de la cárcel, tenía la piel cetrina, el pelo áspero y la cara llena de manchas. No solo no se parecía a la de antes, sino que no le llegaba ni a los talones.

¿Nunca la había visto?

Al escuchar la respuesta de Davis, Alejandra frunció el ceño.

—Y además, dices que eres mi hermana, pero ¿por qué no vives con nosotros y con mis papás?

Las hermanas de otros niños vivían con sus hermanos y sus padres.

Alejandra se esforzó por mantener la sonrisa en su rostro.

—Porque he estado fuera mucho tiempo y apenas ahora pude volver a casa. Davis, de verdad soy tu hermana, mírame los ojos y la nariz, ¿no son igualitos a los de la foto? Por cierto, hace mucho calor, ¿quieres helado? Te compré uno.

Alejandra sacó de una bolsa un cono de helado que había comprado antes.

Al ver el helado, a Davis le brillaron los ojos.

Su mamá decía que el helado era pura comida chatarra y casi nunca lo dejaba comer., así que ver uno tan grande frente a él era una tentación difícil de resistir.

Pero Davis negó con la cabeza.

—Gracias, pero mi mamá dice que no debo aceptar cosas de extraños.

—¿Soy una extraña? Soy tu hermana —dijo Alejandra, y le puso el helado en la mano a Davis—. Bueno, tengo cosas que hacer, ya no puedo jugar contigo.

Dicho esto, Alejandra dio media vuelta y se fue.

Cuando Alejandra se alejó, Davis no pudo resistir la tentación, le quitó el papel al helado y le dio una lamida rápida.

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