Kieran observaba la escena frunciendo el ceño, a punto de decir algo, pero Eva le lanzó una mirada indicándole que guardara silencio. Ella se acercó a Alejandra, la ayudó a enderezarse y, con los ojos llorosos, le dijo:
—Ale, la verdad es que nunca te he guardado rencor, al fin y al cabo eres solo una niña. Gracias por traerme a Davis hoy; si no hubiera sido por ti, ¡quién sabe en manos de quién habría caído mi hijo!
Al final, Eva comenzó a sollozar suavemente.
Alejandra se quedó pasmada.
¿¿¿???
¿Por qué reaccionaba así Eva?
¿Por qué no la insultaba ni la corría?
Esto era completamente diferente a lo que había imaginado.
Si Eva no la atacaba, ¿cómo iba a lograr que Enrique se molestara con ella?
Antes de que Alejandra pudiera procesarlo, Eva se dirigió a Enrique:
—Enrique, hoy todo salió bien gracias a Ale. ¡Deberíamos dejar que Ale vuelva a vivir con nosotros! No es seguro que una chica viva sola allá afuera.
En lugar de dejar a Alejandra en las sombras haciendo daño...
Era mejor traerla a la luz.
¡Eva quería tener a Alejandra vigilada!
Además, en este momento, si ella lloraba y acusaba a Alejandra de haberse llevado a Davis a propósito, Enrique se molestaría, ya que no tenía ninguna prueba de que Alejandra lo hubiera hecho.
La policía tampoco había encontrado evidencia.
Pero si jugaba a la inversa, la cosa cambiaba.
Enrique no esperaba que Eva propusiera traer de vuelta a Alejandra. Se quedó atónito un instante y luego miró fijamente a su hija.
—¡Alejandra, dime la verdad! ¿Tuviste algo que ver con lo de Davis?
Enrique no era tonto.
Sabía que la desaparición de Davis era muy sospechosa.
Y Kieran tenía razón.
Davis siempre había estado bien, ¿cómo era posible que se perdiera justo cuando apareció Alejandra?
¡Y qué casualidad que fuera Alejandra quien lo trajera de vuelta!
Alejandra abrió los ojos como platos. ¡Jamás imaginó que el primero en sospechar de ella no sería Eva, sino Enrique!
¡Eso no estaba en sus planes!
¡Iba a echar a la calle a esa par de intrusos!
Los ojos de Alejandra brillaron con una luz siniestra al pensarlo.
Kieran, viendo que su hermana metía al enemigo en casa, quiso protestar varias veces, pero Eva lo detuvo.
Eva preparó personalmente la habitación para Alejandra.
—Ale, la verdad ya tenía pensado que vinieras, estas cobijas, las cosas de aseo y la pijama son nuevas. De hoy en adelante soy como tu mamá, siéntete como en tu casa, si necesitas algo dímelo, no tengas pena.
Al ver que su esposa le había comprado cosas y preparado ropa a Alejandra con anticipación, Enrique sintió una gran calidez en el corazón.
Los cuatro convivieron bajo el mismo techo durante un mes.
Aunque ese mes fue bastante pacífico, Eva sabía que era solo apariencia. ¡Alejandra no era una mansa paloma!
Alejandra se esforzaba por ser la hija obediente, y Eva se esforzaba por ser la madre perfecta.
Al ver tanta armonía familiar, Enrique estaba muy satisfecho.
Por la noche, en la habitación, Enrique besó suavemente la frente de Eva.
—Eva, gracias por tratar a Ale como si fuera tu propia hija.
— No digas eso, para eso estamos. Además, Ale me cae bien y siempre quise una niña. Cuando tuve a Davis pensé que sería niña, pero salió este chamaco; ahora ya tengo la parejita —dijo Eva abrazando a Enrique. Al recargar la cabeza en el cuello de su esposo, notó un lunar negro abultado en su nuca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...