Dicho esto, Selena continuó:
—Ven, la tía te lleva a jugar, ¿sí?
Lucas negó con la cabeza.
—¡No!
Mami lo había dicho.
¡No debía irse con Selena bajo ninguna circunstancia!
Él era un niño muy bueno y obediente.
El rostro de Selena se oscureció un poco, pero aun así forzó una sonrisa.
—Lucas, la tía te trajo los dulces que más te gustan.
Al escuchar esto, la expresión de Lucas cambió y su mirada se posó en el bolso de Selena.
Mami decía que comer dulces era malo para los dientes, así que solo le daba tres dulces a la semana, pero con Selena era diferente, Selena siempre le daba muchos dulces a escondidas...
Al ver que la expresión de Lucas cambiaba, el rostro de Selena mostró un destello de triunfo y extendió la mano hacia él.
—Lucas, vámonos con la tía.
Antes de que Lucas pudiera reaccionar, los dos guardaespaldas sospecharon de inmediato; uno cargó a Lucas y el otro se puso en posición de defensa.
—¿Quién es usted? ¿Qué quiere?
Selena no esperaba que estos dos guardaespaldas fueran tan entrometidos y explicó:
—Guapos, soy muy buena amiga de la señora Ayala. Lucas también me conoce, si no me creen, pregúntenle a él.
—Lucas, tú conoces a la tía, ¿verdad?
Minerva volteó y vio a Selena, corriendo de inmediato hacia ellos con la mirada alerta.
—¡Selena! ¡¿Qué quieres?!
Selena sabía que en este momento no podía ponerse agresiva ni revelar sus intenciones, así que sus ojos se llenaron de lágrimas casi al instante y dijo con voz ronca:
—Tía Minerva, yo... realmente extrañaba a Lucas, Alejandro y Jade, por eso vine a verlos.
Minerva miró a los guardaespaldas.
—Lucas no la conoce bien, ¡llévenlo rápido con el señor Solano!
Ya que Úrsula protegía tan bien a esos tres pequeños, entonces empezaría por Minerva y Leticio.
Primero acabaría con ellos dos.
Y antes de que se descubriera el pastel, se encargaría de esas tres criaturas.
Cuando Minerva regresó, Valentina miró hacia allá.
—Minerva, ¿esa de hace rato era Selena?
—Era ella —asintió Minerva.
Valentina frunció levemente el ceño.
—Vaya que Úrsula tenía razón.
—¿Qué dijo Úrsula? —preguntó Minerva con curiosidad.
Valentina continuó:
—Úrsula nos pidió que estuviéramos atentos a Selena. Si la veíamos afuera, que no dejáramos que se quedara a solas con los niños.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...