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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1191

Menos mal.

Menos mal que hoy trajeron más seguridad.

Caras vemos, corazones no sabemos.

¡Quién sabe qué quería Selena apareciendo así de repente!

Minerva volteó a ver a Selena.

—¿Úrsula teme que Selena les haga algo a los niños?

Sin esperar respuesta de Valentina, Minerva añadió:

—Ella... no creo que sea capaz de tanto...

Al fin y al cabo, habían tenido una amistad de casi ocho años.

Minerva sentía que Selena no podía ser tan malvada como para atentar contra tres niños.

Valentina le dio unas palmaditas en la mano a Minerva.

—Minerva, caras vemos, corazones no sabemos. No solo Lucas, Alejandro y Jade deben cuidarse de Selena, tú también debes tener cuidado con ella. Cuando una persona pierde la razón, es capaz de cualquier cosa.

Especialmente en la situación actual de Selena.

Minerva asintió.

—Está bien, señora, lo tendré en cuenta.

***

Selena se coló nuevamente en el complejo residencial donde vivían Minerva y Leticio, escondiéndose bajo el edificio y vigilando de cerca los horarios de entrada y salida de la pareja.

Después de vigilar todo un día, Selena descubrió que Minerva y Leticio solían ir al trabajo en carro, por lo que usaban mucho el estacionamiento subterráneo.

El estacionamiento no solo tenía cámaras, sino que estaba vigilado por seguridad del edificio las 24 horas.

Por lo tanto, intentar matarlos en el estacionamiento sería algo extremadamente difícil.

Tenía que pensar en otra forma.

***

Al día siguiente, era sábado.

Minerva y Leticio descansaban hoy.

Leticio preguntó mientras tendía la ropa:

La mirada de Minerva se posó en Bárbara y preguntó con curiosidad:

—Cristina, ¿no solía venir una sola persona de su empresa? ¿Por qué hoy son dos?

Y además...

No sabía por qué, pero aunque esa tal Bárbara llevaba cubrebocas, tenía el cabello teñido de rubio y la piel algo morena, a Minerva le resultaba familiar su figura.

Como si la hubiera visto en algún lado.

Cristina explicó:

—Ah, es que es mi nueva aprendiz, en el futuro ella se encargará de esta zona.

—Ah, ya veo —Minerva no le dio más vueltas y asintió—. Pasen. Últimamente hemos usado mucho la cocina, empiecen por ahí, por favor.

—Claro que sí, señora Quiroz.

Cristina y Bárbara entraron primero a la cocina.

Tras limpiar la cocina, pasaron al baño. Viendo que había pasado gran parte del tiempo, Bárbara, que estaba trabajando, bajó la voz y dijo:

—Cristina, ya no queda mucho por hacer. ¿No tenías cosas que atender en tu casa? Si quieres vete y yo termino aquí.

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