La mujer de mediana edad exhaló un aro de humo y soltó, con una voz áspera:
—Dame veinte millones de pesos y te prometo que no volveré a molestarte nunca más.
¿Veinte millones?
Luna apretó los puños con fuerza, sus ojos destilaban rabia.
—¿Todavía esperas que te crea? Hace un año me pediste cincuenta millones con la misma historia. —La miró con desprecio, sintiendo el odio arderle en el pecho—. Y ahora, aquí estás otra vez, como si nada.
No era la primera vez que Luna escuchaba esas palabras. La primera vez, había caído en la trampa. La segunda, la tercera, la cuarta y hasta la quinta, también. Si volvía a creer en esas promesas vacías, sí que sería una ingenua.
La mujer la observó, soltando una risa bajita y desagradable.
—Te lo juro, esta vez sí es la última. Ya decidí irme del país. Si me das los veinte millones, te garantizo que no me vuelves a ver ni en Villa Regia ni en ninguna parte.
—¿En serio crees que voy a tragarme tu cuento? —Luna habló con la voz temblorosa, al borde de perder el control—. No tienes vergüenza.
La mujer sonrió, mostrando una calma inquietante.
—Bueno, si no quieres creerme, es tu problema. Pero si no me das el dinero, tendré que ir a buscar a Marcela. ¿Te imaginas lo que pasaría si ella me ve? —Hizo una pausa dramática y suspiró, como si de verdad lo lamentara—. Han pasado veinte años, quién sabe si Marcela todavía me reconoce. Va a estar interesante, ¿no crees?
El color abandonó el rostro de Luna. Apenas si podía mantenerse en pie.
—¿Me estás amenazando?
—Por supuesto que sí. —La mujer lanzó otro aro de humo en su dirección, con una actitud descarada—. No solo te estoy amenazando, te estoy extorsionando. ¿Y qué? Si tienes el valor, llama a la policía.
Acto seguido, sacó su celular y marcó tres números.
[911]
—Toma, aquí tienes el celular. Llama y que venga la policía a arrestarme, ¿quieres?
Luna, furiosa, alzó la mano y de un manotazo le tiró el celular al suelo.
—¿Provocando? ¿Eso crees? Solo quiero lo que me corresponde. —La mujer ya no fingía cortesía—. No tengo tiempo que perder, así que dime de una vez: ¿me vas a dar el dinero o no?
Luna respiró hondo, buscando controlar el temblor en sus manos. La miró directo a los ojos.
—¿De verdad juras que es la última vez?
—Sí. —La mujer asintió, sin apartar la vista.
Luna cerró los ojos un momento. Tragó saliva.
—Está bien, voy a confiar en ti esta vez.
Abrió su bolso, sacó una chequera y firmó un cheque.
—Toma, y más te vale que desaparezcas de mi vida. ¡Espero no volver a verte nunca!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...