Enrique habría preferido no mencionar al director Hernández, pero en cuanto lo hizo, el gesto de Alejandra cambió por completo. Sin dudarlo, tomó un florero de la mesa y lo lanzó con fuerza contra el suelo.
—¡Pum!—
El florero se hizo añicos, esparciendo pedazos por todo el piso.
Enrique dio un brinco del susto.
—Ale, ¿qué te pasa? —preguntó, completamente desconcertado.
Luego, se volvió hacia Luna, buscando respuestas.
—Luna, ¿quién le hizo algo a Ale? Dime la verdad, ¿qué está pasando aquí?
Pero Luna, llena de coraje, descargó toda su frustración contra Enrique.
—¡Enrique, eres un inútil! ¿Todavía tienes cara para preguntar qué pasa? Si por lo menos fueras un hombre de verdad, hoy no estaríamos viviendo esta humillación, ni Ale ni yo.
Para Luna, todo era culpa de Enrique.
Enrique, a sus ojos, era un bueno para nada que solo sabía vivir a expensas de los demás. Si al menos Enrique tuviera algo de carácter, Javier jamás se habría atrevido a humillar así a Alejandra delante de tanta gente.
Enrique no había hecho nada, pero igual se llevó el regaño de Luna. No se atrevió a responder, solo bajó la cabeza y aguantó el chaparrón.
Pero el coraje de Luna iba aumentando; tomó el cojín del sillón y se lo aventó directo a Enrique.
—¡Toma!—
Justo entonces, otro ruido retumbó en la casa.
Era la puerta del cuarto cerrándose de golpe.
Luna reaccionó de inmediato y corrió hasta la puerta.
—¡Ale, Ale, no te lo tomes tan a pecho! ¿Qué importa si esa campesinita es la inversionista detrás de AlphaPlay Studios? ¡Tú le das mil vueltas! Recuerda que eres Kari, tienes ochenta millones de seguidores en internet, y además eres la protegida del señor Estévez.
Enrique no podía creer lo que escuchaba.
—¿Qué? ¿Úrsula es la inversionista principal de AlphaPlay Studios?
—Vaya, con razón... tal padre, tal hija —murmuró Enrique, casi sin pensar, recordando que Álvaro no era cualquier persona.
En cuanto terminó de decirlo, Luna se volteó y le soltó una bofetada.
—¡Cállate! ¿No sabes cuándo quedarte callado?
Enrique, con la mejilla ardiendo, no dijo ni una palabra más.
...
La que salió era una mujer de unos cincuenta años, con el rostro marcado por varias cirugías. Aunque iba vestida de pies a cabeza con ropa de diseñador, había algo en ella que la hacía ver vulgar, como si el dinero no pudiera quitarle lo corriente.
Luna cerró la puerta y le lanzó una mirada furiosa.
—¡Tienes mucho valor viniendo aquí! ¿No te da miedo aparecerte en un hotel del Grupo Solano?
La mujer, con una actitud desafiante, encendió un cigarro y soltó una risa arrogante.
—¿Y tú? Si te atreviste a ignorar mis mensajes, ¿por qué no habría de venir yo a un hotel del Grupo Solano?
Luna respiró hondo, tratando de mantener la compostura. Bajó la voz.
—¿Acaso no te acabo de transferir quinientos mil pesos? —le reclamó.
Apenas una semana antes, Luna había hecho ese depósito en la cuenta bancaria de la mujer.
La mujer chasqueó la lengua, la miró de arriba abajo y respondió con desdén.
—¿Quinientos mil? Por favor, Luna, eres la hija mayor de la familia Solano. Esa cadena que traes en el cuello seguro vale más que eso.
Luna apretó los puños, conteniendo el enojo.
—¿Qué es lo que quieres de mí? —preguntó, con la voz tensa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...