Aunque Luna estaba hecha una furia y le hervía la sangre, no le quedó de otra más que tragarse el coraje. Alzó la vista hacia Marcela, respiró hondo y habló intentando sonar tranquila:
—Mamá, se está confundiendo. Esa foto de espaldas no es de Ami, es de Ale. El señor Estévez puede dar fe de eso.
Marcela solo sentía que la cabeza le iba a estallar. Se masajeó las sienes y luego miró a una de las empleadas:
—Ve, llama a la señorita Alejandra.
Señorita Alejandra.
Otra vez con lo de “señorita Alejandra”.
Luna no podía evitar que ese título le sonara como un zumbido molesto. Aunque Alejandra fuera nieta de la familia Solano, ¿realmente hacía falta recalcarlo así?
Helena asintió:
—Sí, señora, voy ahora mismo.
...
Pronto, Helena regresó acompañada de Alejandra.
Al entrar, Alejandra cruzó la mirada con Luna antes de dirigirse a Marcela:
—Abuela, ¿me llamó?
Marcela frunció el ceño, sus ojos buscando respuestas:
—Quiero que me expliques de una vez, ¿qué pasó con esa foto de espaldas?
Alejandra no tardó en responder:
—Le cuento, abuela. El verano pasado fui de viaje con Mindy a San Albero. Sin querer, un desconocido nos tomó esa foto de espaldas y luego la subieron a internet. Ya iba a dejarlo pasar, pero justo el señor Estévez la vio y, para encontrarme, pagó para que esa publicación de TikTok saliera como anuncio por todos lados...
Alejandra relataba la historia con calma, convencida de que solo ella podía ser la dueña de esa foto, la misma que salvó al señor Estévez. Nadie iba a arrebatarle ese papel.
El gesto de Marcela se endureció:
—Sí, mamá. Entiendo que le guste más Ami y que a nosotros nos mire mal, pero no es justo que trate así a Ale.
Marcela ya no podía contener más el enojo. Antes solo pensaba que Alejandra era un poco caprichosa, nada más. Pero ahora, sentía que la cosa se le había ido de las manos. ¿Cómo podía estar Alejandra queriendo adueñarse de algo que ni siquiera le pertenecía?
Frunció el ceño y soltó:
—¿Cómo que yo soy la parcial? Luna, mírala bien, ¿de verdad crees que la de la foto es Ale? Les advierto: si no quieren hacer el ridículo, mejor cancelen la fiesta de cumpleaños y aclaren todo en internet. Si no lo hacen, esto va a traerle problemas a Ale sin fin.
Para Marcela, solo había una salida: cancelar la fiesta era la única manera de evitar un desastre mayor.
Luna se defendió al instante:
—¿O sea que tiene miedo de que, si hacemos la fiesta, el señor Estévez desenmascare a Ami delante de todos y ella quede en vergüenza? ¡Eso es favoritismo! Y le digo de una vez: no voy a cancelar la fiesta. Si Ami tiene miedo de pasar vergüenza, pues que no venga.
—Al final de cuentas, Ami y Ale son hermanas. Sí, Ami estuvo mal, pero Ale no es de las que buscan venganza. Ella misma va a aclarar todo en internet para que nadie ataque a Ami.
...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...