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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 634

Ante la insistencia de Pedro, Alejandra subió a regañadientes a recoger sus cosas mientras él la esperaba en el vestíbulo.

...

En el País del Norte, Bianca también se enteró de que Álvaro había despertado y se emocionó mucho. Úrsula era, al fin y al cabo, su mejor amiga.

—Delilah, organiza todo. Quiero ir a Mareterra de inmediato —le dijo a su asistente.

—¿Va a ir a Villa Regia? —preguntó Delilah.

—Sí.

La recuperación de Álvaro era una gran noticia, y como amiga, tenía que ir a felicitar a Úrsula en persona. La familia Ramsey tenía su propio avión, así que esa misma tarde, Bianca ya estaba volando hacia Villa Regia.

...

Mientras tanto, Pedro llevó a Alejandra a su casa.

—Ale, a partir de ahora, el tercer piso es tuyo. Puedes decorarlo como quieras.

—Gracias, Pedro.

—Mañana voy al País del Norte a ver a Bianca. ¿Por qué no vienes conmigo? Te servirá para distraerte.

—De acuerdo —asintió Alejandra—. Iré a prepararme.

—Ve.

¡Ding!

Justo en ese momento, Pedro recibió un mensaje. Al leerlo, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Ale, ya no hace falta que te prepares.

—¿Ah? —La expresión de Alejandra se ensombreció—. ¿Por qué?

¿Acaso Pedro se había arrepentido de ayudarla a recuperar el medallón?

—Bianca ya está de camino a Villa Regia —dijo Pedro con una sonrisa.

—¿De verdad? —exclamó Alejandra, sorprendida—. ¿Y por qué viene de repente?

—Seguramente se enteró de que estoy aquí y ha venido a buscarme —respondió Pedro, con un aire de superioridad.

Muchas de las decisiones de Bianca giraban en torno a él. Estaba seguro de que esta vez no era diferente.

—¡Vaya, sí que le gustas a la señorita Ramsey! —dijo Alejandra, sonriendo—. Pedro, ¿por qué no te planteas darle una oportunidad? Así, la señorita Ramsey podría convertirse en mi cuñada.

—Ya veremos —respondió Pedro—. Por ahora, no estoy pensando en empezar una relación. Ale, prepárate. Mañana por la mañana vamos a ver a Bianca.

Sabía dónde se alojaba. Si no fuera por Alejandra, no se rebajaría a buscarla. ¿Y si Bianca malinterpretaba sus intenciones y pensaba que a él también le gustaba?

...

¡Ding!

Recibió un mensaje. Era de Pedro. Frunció el ceño. ¿Que fuera a recibirlo? ¡Qué descaro! Si no fuera por el mensaje, ya ni se acordaba de él. Lo bloqueó y lo eliminó sin pensarlo dos veces. Ya estaba harta de ese engreído.

Pedro guardó el celular en el bolsillo.

—Pedro, ¿vendrá la señorita Ramsey? —preguntó Alejandra.

—Tranquila, estará aquí en menos de tres minutos —respondió Pedro con total confianza.

—¡Sigue soñando! —resopló el guardia.

El tiempo pasó. A los tres minutos, Alejandra exclamó:

—¡Ahí viene! ¡La señorita Ramsey ya viene!

El guardia se giró y palideció. Le temblaban las piernas. Nunca habría imaginado que Pedro fuera de verdad el amor platónico de Bianca. ¡Qué extraño! Con tantos hombres guapos persiguiéndola, ¿cómo se había fijado en un cara de niño?

El guardia, tragando saliva, abrió la puerta.

—Disculpen, disculpen. Ha sido un error mío. Por favor, pasen. No se fijen en un ignorante como yo.

Alejandra le lanzó una mirada de desprecio. Pedro se acercó a Bianca con un aire de superioridad.

—Bianca, te voy a dar una oportunidad para que te acerques a mí. Ve ahora mismo a pedirle el medallón a Amelia y dáselo a Ale. Y organiza una gran fiesta en Villa Regia en su honor.

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