Pedro no descartaba la idea de ser tendencia, pero con la influencia actual de Joyería CL, un buen diseño no era suficiente; necesitaban una estrategia de marketing para destacar. Ya tenía un plan con el equipo, pensado para el día del concurso. Sin embargo, antes de poder implementarlo, su trabajo ya era viral. Para Pedro, era una sorpresa increíble que no solo le ahorraba esfuerzo y recursos, sino también una considerable suma en publicidad.
Cada vez más emocionado, se sentó en la cama, el sueño completamente disipado.
—Marcos, ¿qué te dije? ¡Sabía que nuestro diseño sería un éxito!
¿Y ahora? Era tendencia.
¿Un éxito? Al otro lado de la línea, la expresión de Marcos era indescifrable. Suspiró profundamente.
—¡Pedro! ¡Revisa tus redes sociales ahora mismo!
Pedro tomó la laptop de su mesita de noche, la abrió e inició sesión. Casi al instante, vio el nombre "Joyería CL" en la lista de tendencias. Una sonrisa se dibujó en su rostro, pero se desvaneció al leer la siguiente etiqueta: "¡CL plagia!".
¿Plagio? ¿A quién? Aún sin comprender la gravedad del asunto, dijo:
—¿Qué marca nos está plagiando? ¡Hay que demandarlos!
El respeto a la originalidad era clave para el crecimiento de la industria. ¡Pedro odiaba el plagio! Era una de las razones por las que la joyería de su país no lograba destacar a nivel internacional; en cuanto una gran marca lanzaba un éxito, las pequeñas empresas se apresuraban a copiarlo. Había previsto que su diseño sería copiado, pero nunca imaginó que sería tan rápido. ¡Apenas habían pasado unas horas! Si pusieran el mismo empeño en crear que en copiar, no estarían estancados.
—¡Pedro! —la voz de Marcos sonó de nuevo—. ¡No es que nos plagien a nosotros! ¡Es que nosotros estamos acusados de plagio!
—¿Qué dices? —Pedro soltó una risa incrédula—. Marcos, ¿estás loco?
¿Un genio del diseño como él, plagiando a otros? ¡Era ridículo!
—Entra a la tendencia y lo verás —insistió Marcos.
—¡Imposible! ¡Eso es absolutamente imposible! —replicó Pedro de inmediato—. ¡Ale es mi prima, ella nunca haría algo así!
Para Pedro, Alejandra era un ser puro, incapaz de tal bajeza.
—¿Y quién más podría ser? —dijo Marcos, respirando hondo para calmarse—. Antes de que ella llegara, nunca tuvimos problemas con nuestros diseños. ¡Desde que está aquí, nuestro trabajo de tres meses ahora es de otros!
No había que ser un genio para saber que ella era la culpable.
—¡No fue ella! ¡No pudo ser ella! No tiene ninguna razón para hacerme esto —insistió Pedro, con el rostro pálido por la angustia.
—¿Que no tiene razón? ¡Sesenta millones son su razón! —replicó Marcos—. No olvides que los Solano la echaron. Ahora no tiene nada. ¡Por sesenta millones, o incluso por seis, haría cualquier cosa!
¿Sesenta millones? ¿Esa era la razón? A Pedro le parecía absurdo. ¿Acaso sesenta millones eran más importantes para Alejandra que él, su primo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...