Entrar Via

La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 756

La situación era de un claro dominio femenino.

Liana se sentó al borde de la cama y dijo con una sonrisa: —Señora, relájese. Voy a examinarla.

—De acuerdo.

Aurora asintió.

—¿Dónde siente molestias? —continuó preguntando Liana.

—Me duele mucho la cabeza —respondió Aurora—. Siento como si algo quisiera salir de mi mente.

Era una sensación difícil de describir.

—Entendido, ya veo —dijo Liana sonriendo—. Acuéstese y relájese.

—Claro. —Aurora asintió.

Aurora se tumbó en la cama. Liana abrió su maletín, sacó un frasquito, quitó el tapón de corcho y lo agitó suavemente bajo la nariz de Aurora. Aurora percibió un ligero aroma fresco, y al instante perdió el conocimiento, cayendo en un profundo sueño.

—Acompáñame fuera —le dijo la abuela Barragán a Liana.

—Por supuesto. —Liana asintió y siguió a la abuela Barragán al exterior.

Cuando Aurora volvió a despertar, una sirvienta se acercó con un puñado de pastillas de colores. —Señora, esta es la medicación que le ha recetado la doctora Liana. Por favor, tómela a sus horas.

—¿Qué me ha pasado? —preguntó Aurora, masajeándose las sienes.

—La doctora Liana dice que sufre un principio de esquizofrenia, un tipo de histeria, y que debe tomar la medicación puntualmente. De lo contrario, las consecuencias podrían ser terribles —explicó la sirvienta.

¿Esquizofrenia? ¡¿Histeria?!

Aurora frunció el ceño.

Así que... ¿Por eso tenía esos sueños extraños? ¿Por eso el nombre de Amelia, mencionado por las sirvientas, le había afectado tanto? ¿Todo era porque estaba enferma?

—Señora, por favor, tómese la medicación. El agua se va a enfriar —insistió la sirvienta.

—Está bien. —Aurora volvió en sí, tomó las pastillas y el vaso de agua que le ofrecía la sirvienta y se tragó cinco o seis de una vez.

Cuando Aurora terminó, la sirvienta se dirigió al salón principal, donde la abuela Barragán charlaba con Wendy.

—Anciana señora.

La abuela le lanzó una mirada. —¿Se ha tomado todas las pastillas?

La abuela Barragán entrecerró los ojos, que brillaron con una luz malévola. —Ya que esa zorra no sabe estarse quieta, esta vez tendrá que tomarse la medicación de por vida. ¡Hasta que se muera!

Le había dado una oportunidad, pero Aurora no la había aprovechado.

Wendy asintió, con una mirada tan venenosa como la de una serpiente en una alcantarilla. —Tienes razón. ¡Una mujer tan inquieta como ella debería tomar pastillas hasta el día de su muerte!

Dong.

El reloj de pared dio la hora. La abuela Barragán levantó la vista. Las siete de la tarde. Se levantó de su silla.

—Me voy a la capilla a rezar.

Era su costumbre. Vegetariana y devota, iba a la capilla a las siete en punto todas las noches para sus oraciones, terminando puntualmente a las nueve. Llevaba veinte años haciéndolo, día tras día.

Al llegar a la capilla, la abuela Barragán juntó las manos y se arrodilló devotamente sobre el cojín. Primero hizo una reverencia respetuosa y luego comenzó a recitar sus oraciones mientras golpeaba el pez de madera. Recitaba el Sutra del Corazón, una práctica que, según creía, purificaba el alma y traía paz y bendiciones.

Al día siguiente de terminar los exámenes, Úrsula y Bianca regresaron a Villa Regia. Después de resolver sus asuntos allí, tomaron otro avión rumbo al País del Norte. Dominika las acompañó.

Tras un vuelo de un día y una noche, el avión aterrizó puntualmente en Perenne, la capital del País del Norte, a las cinco de la mañana del día siguiente.

Al bajar del avión, Bianca sonrió. —Ami, Domi, primero las llevaré al hotel. Descansen bien hoy y mañana por la mañana vendré a recogerlas para ir a mi casa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera