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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 844

Luana condujo de inmediato para llevar a Amanecer a la tienda de mascotas.

Ver a Amanecer encerrado en la jaula le partió el corazón. Le acarició la cabeza.

—Tranquilo, Amanecer, en un momento vendrá un amigo de mamá a recogerte.

—Guuu…

Amanecer agachó la cabeza.

«¡Pobre perrito triste!».

Aunque a Luana le dolía dejarlo, tenía que correr a tomar el tren.

Úrsula le envió un WhatsApp a Israel, pidiéndole que recogiera a Amanecer y lo cuidara por unos días.

[¡Entendido, jefa! ¡Misión aceptada!]

Después de responderle a Úrsula, Israel condujo de inmediato a la tienda de mascotas.

Como Úrsula e Israel llevaban a Amanecer con frecuencia para que lo bañaran y lo cuidaran, los empleados de la tienda ya conocían a Israel.

Al verlo llegar, uno de los empleados, Leo, dijo:

—Amanecer, ya vino tu papá por ti.

Amanecer, que había estado decaído, se animó al ver a Israel.

—¡Guau, guau, guau, guau!

«¡Papá, papá!».

Israel se acercó y abrió la jaula.

—Amanecer, papá vino a recogerte, ¿estás contento?

Amanecer estaba más que feliz. Saltaba de un lado a otro, apoyó sus patas delanteras en los hombros de Israel y empezó a lamerle la cara sin parar.

Menos mal que Israel tenía fuerza, porque si no, Amanecer lo habría tirado al suelo.

Con una mano, Israel le acariciaba la cabeza al perro, y con la otra, sacó su celular para grabar un video y enviárselo a Úrsula.

[Reportándome, jefa. Ya recogí a Amanecer.]

[Ok], le respondió Úrsula mientras preparaba su maletín médico. [Entonces te encargo a Amanecer estos días, señor Ayala. Cuando vuelva, te daré una recompensa 😉].

—De acuerdo —Úrsula miró a Dominika—. Domi, ya me voy.

—Anda, con cuidado.

Úrsula bajó con su maletín a cuestas.

Cuando llegó al vestíbulo del hotel, su celular sonó.

Sacó el teléfono, lo desbloqueó y apareció un cuadro de diálogo.

[Señora, la situación aquí es urgente, ¿a qué hora calcula que llegará?]

[Ya voy en camino], respondió Úrsula con una mano. [Llego en unos quince minutos.]

Guardó el celular en su bolsillo y siguió caminando.

Justo cuando llegaba a la puerta, un grupo de hombres uniformados la detuvo. El que iba al frente le mostró su identificación.

—¡Alto! Soy Bastien, capitán de la Policía Real. Amelia, ¿verdad?

***

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