Después de colgar, Mathis se acercó de inmediato a Mélanie Boulanger.
—Reina, ya encontré a mi maestra.
—¿La encontraste? —exclamó Mélanie, encantada—. ¿De verdad?
En ese instante, los ojos de Mélanie recuperaron el brillo.
Se sentía como si hubiera vuelto a nacer.
Si habían encontrado a la Doctora W, Eliott también se salvaría.
—Sí, es verdad —asintió Mathis.
—¡Gracias a Dios, gracias a Dios! —Nadie podía imaginar lo emocionada que estaba Mélanie—. ¿Dónde está la Doctora W ahora? ¡Iré contigo a buscarla!
Sí.
Quería ir con Mathis a recogerla.
De lo contrario, no estaría tranquila.
Si no iba, ¿qué pasaría si algo más salía mal?
Al oír esto, la expresión de Mathis cambió.
—¡Mi maestra está detenida en la Comisaría Real!
—¿Qué? —Mélanie pensó que había oído mal.
¡Quién se atrevía a encerrar a la Doctora W!
Había que investigar este asunto a fondo.
—Sí, escuchó bien. ¡Mi maestra fue detenida en la Comisaría Real! Reina, ¡tengo que ir para allá ahora mismo!
—¡Claro, claro, voy contigo!
Mélanie siguió a Mathis.
Un grupo numeroso salió del Castillo Blanchard en dirección a la Comisaría Real.
La comisaría estaba a cierta distancia del castillo.
El viaje en carro duraba una hora.
Mélanie, sentada en el asiento trasero, estaba muy ansiosa. Deseaba poder teletransportarse a la comisaría y no paraba de apurar al conductor.
—¡Más rápido!
—¡Acelera!
El guardaespaldas en el asiento del copiloto se giró hacia ella.
—Reina, ya vamos a la máxima velocidad.
Mélanie se masajeó las sienes.
Aunque iban lo más rápido posible, a ella le parecía que el trayecto era lentísimo.
Demasiado lento.
***
Mientras tanto, en la casa de la familia Barragán.
La abuela Barragán esperaba en casa noticias de Wendy.
Finalmente, se oyeron pasos afuera.
La abuela se levantó de la silla de un salto y, efectivamente, vio a Wendy acercándose.
—Wendy Barragán, ¿qué tal? ¿Hay noticias de la benefactora?
Así podrían regresar con todos los honores.
Y cuando volvieran, ¡se convertirían en la familia más importante de Mareterra!
Entonces, tanto los Solano como cualquier otra familia tendrían que someterse a su voluntad.
Solo de pensarlo, la abuela Barragán se emocionaba.
Wendy había estado buscando todo el día y estaba cansada. Se sentó en el sofá, tomó un vaso y bebió un sorbo de agua.
—Por cierto, mamá, ¿esa huerfanita de los Solano ya firmó la confesión?
La abuela Barragán negó con la cabeza.
—Bastien Gaudin aún no me ha contestado, así que supongo que no.
Al oír esto, Wendy entrecerró los ojos.
—¡Todavía no! Tenías razón, ¡esa maldita mocosa es dura de roer!
—Mamá, para evitar que las cosas se compliquen, te sugiero que contactes a Bastien —añadió Wendy—. Dile que aumente la presión para que esa malnacida firme la confesión cuanto antes.
—Sí, tienes razón —dijo la abuela Barragán, sacando su celular—. Voy a llamar a Bastien ahora mismo.
***
En cuanto Bastien recibió la llamada de la abuela Barragán, ordenó que llevaran a Úrsula a la sala de interrogatorios.
Ya habían pasado siete u ocho horas.
Úrsula no parecía haber cambiado en nada; su rostro sereno no mostraba ni un rastro de agotamiento.
Si no lo vieras con tus propios ojos, ¿quién creería que esa persona había estado encerrada en una celda de aislamiento durante ocho horas?
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...