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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 939

El tipo de pelo teñido no respondió, lo que equivalía a una afirmación.

—Vuelve y dile a Salvador que a mí no me asustan con estas cosas —dijo Fabián, quitándole la mano de un manotazo—. ¡Ese terreno lo compré yo, es mío! ¿Por qué tendría que dárselo a Nolan? ¡Vivimos en un país con leyes, no les tengo miedo! ¡Amenazarme no les va a servir de nada!

El tipo no se defendió, simplemente se dejó apartar.

—Viejo, se nota que no sabes quién es el señor Ponce. El Grupo Ponce es la empresa más importante de San Albero. Te conviene más hacerle el favor. Si te pones en su contra, no te va a ir nada bien.

—¿Y tú no has pensado que a él tampoco le va a ir bien si se pone en mi contra? —replicó Fabián, plantándose con las manos en la cintura—. ¿Y qué si es el Grupo Ponce? ¡Mi nieta es la directora de AlphaPlay Studios y la heredera del Grupo Solano!

Al oír esto, el tipo y sus amigos soltaron una carcajada.

¿La directora de AlphaPlay Studios?

¿La heredera del Grupo Solano?

¿La nieta de este viejo?

¡Qué ridículo!

¡Era para morirse de risa!

—Viejo, ¿por qué no dices también que el Grupo Ayala es de tu nieta? —se burló el tipo.

—¡Sí, exacto!

—¡Jajaja!

—Pues mira, le atinaste —continuó Fabián—. El director del Grupo Ayala, Israel, es el novio de mi nieta.

Fabián apreciaba mucho a ese joven, Israel, y lo decía con orgullo.

Esto solo provocó más risas.

Desenfrenadas.

«Está loco».

«Este viejo de verdad está loco».

Si no, ¿cómo podría decir semejantes disparates?

—¡Viejo, deja de soñar! —dijo el tipo con desdén—. ¡Mejor di que todo Mareterra es de tu nieta! Te lo pregunto por última vez: ¿vas a ceder el terreno o no?

—¡No! —respondió Fabián, tajante.

—Bien, bien. ¿Así que no? —rio el tipo—. Pues no te arrepientas. ¡Vámonos, muchachos!

Los demás lo siguieron.

Viendo cómo se alejaban, Fabián frunció el ceño. ¡No sabía cómo los padres de esos muchachos los habían educado!

En lugar de hacer algo productivo, se dedicaban a jugar a ser mafiosos.

Regresó a las ocho y diez de la noche.

Estaba de buen humor, canturreando una ópera mientras caminaba.

De repente, una sombra apareció detrás de él. Alguien le tapó la boca y la nariz con un pañuelo empapado en cloroformo.

Fabián se desmayó al instante.

Cuando despertó, estaba atado a una silla.

Frente a él, fumando, estaba Salvador.

—Fabián, qué gusto volver a verlo —lo saludó Salvador con una sonrisa.

—¿Salvador? —dijo Fabián, intentando moverse y notando que estaba bien atado—. ¿Qué es esto? ¿Un secuestro?

—No es un secuestro, solo quiero proponerle un negocio —respondió Salvador, exhalando una bocanada de humo—. Fabián, usted sabe que al señor Ponce le interesa mucho ese terreno. Le aconsejo que coopere. Con el poder que tiene el señor Ponce, hacerlo desaparecer de este mundo sería muy fácil.

—No puede competir con nosotros.

—¿Sabes que lo que estás haciendo es ilegal? —dijo Fabián, incrédulo ante la audacia de esa gente.

—¿Ilegal? —rio Salvador, con los ojos llenos de sarcasmo—. ¿Sabe usted que el señor Ponce es la ley en San Albero? Si coopera, no solo se ahorrará el sufrimiento, sino que también se ganará la amistad del señor Ponce. Dos pájaros de un tiro, ¿no le parece una buena oferta?

***

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