A pesar de las amenazas de Salvador, Fabián no perdió la calma. Lo miró fijamente y dijo:
—Joven, todos cometemos errores, pero saber corregirlos es de sabios. Si me sueltas ahora mismo, puedo hacer como que esto nunca pasó.
Fabián lo decía en serio. Ya era un hombre mayor y no quería problemas con un joven como Salvador. Si él reconocía su error y lo dejaba ir, podía olvidar el asunto.
Nunca es tarde para enmendar el camino.
Al escuchar esto, Salvador soltó una carcajada.
—¡Jajaja!
—¿Hacer como que esto nunca pasó? Viejo… —Salvador se sentó frente a Fabián—. ¿Tú quién te crees que eres? ¿Crees que puedes hacerme algo? ¡No olvides que no eres más que un viejo solo!
Si alguien que no supiera la historia escuchara a Fabián, pensaría que era un pez gordo.
—No soy ningún viejo solo, tengo una nieta, y mi nieta es…
—¿Tu nieta? —lo interrumpió Salvador—. ¿Vas a decirme que tu nieta es la heredera del Grupo Solano, la directora de AlphaPlay Studios y la novia del señor Ayala?
—Ya que lo sabes todo, ¿por qué no me sueltas de una vez? —insistió Fabián con calma—. Joven, ¿has pensado en las consecuencias de esto? Mi nieta no tiene buen carácter. Si se entera, tú y tu jefe la van a pasar muy mal, y tu vida se arruinará. Todavía estás a tiempo de recapacitar. Soy un hombre de palabra, no me retractaré. Si me sueltas ahora, te garantizo que no presentaré cargos.
Al oírlo, Salvador se rio aún más fuerte.
Cuando el tipo de pelo teñido le había contado esto, Salvador pensó que estaba exagerando.
Pero ahora veía que no.
¡Este viejo terco era más fanfarrón de lo que imaginaba!
La expresión de Salvador cambió de repente. Apoyó las manos en la mesa y, mirando fijamente a Fabián, dijo palabra por palabra:
—Ya te lo dije, ¡el señor Ponce es el rey de San Albero, es la ley! Viejo, te lo pregunto una vez más: ¿vas a ceder el terreno o no?
Si no fuera porque la compraventa de terrenos requería la presencia de la persona en las oficinas correspondientes, Salvador ya le habría forzado la mano a Fabián para que firmara el contrato.
—¡No lo cedo! —dijo Fabián con voz firme.
A él se le convencía por las buenas, no por las malas.
Si Salvador se lo hubiera pedido amablemente, tal vez lo habría considerado.
Pero ahora que lo tenía atado y lo amenazaba, no iba a ceder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...