¡Era Úrsula, después de todo!
Distante.
Genial.
Decidida.
Llegado a este punto, Esteban entrecerró los ojos.
—¿Será que anda con alguien más y está engañando a mi reina Úrsula? ¡Le advierto, tío, que yo estoy del lado de la reina Úrsula!
Israel se giró levemente para mirar a Esteban, con una expresión de pura compasión en los ojos.
—La verdad es que te entiendo. Después de todo, es obvio que tu novia no te quiere tanto como tu tía Úrsula me quiere a mí.
»Ni modo, así me quiere Úrsula.
Terminada la frase, Israel bajó las escaleras con paso decidido.
Esteban se quedó mudo.
¿De verdad ese era su tío?
¡Ahora tenía la sospecha fundada de que Israel le había dejado ver esa *selfie* a propósito!
Esteban no podía aceptar la derrota. Apresuró el paso para alcanzar a Israel y le susurró:
—Yo tengo el sello de amor exclusivo de mi novia.
Israel no dijo nada, solo se ajustó el cuello de la camisa.
Fue entonces cuando Esteban vio la marca de labial rojo en la camisa blanca de Israel.
Esteban se quedó de piedra.
¿Qué estaba pasando?
¡La misma marca de labial, Israel también la tenía!
¡Había perdido otra vez!
¡Qué coraje!
Esteban entrecerró los ojos.
—Tío, ¿no decía usted que esas cosas eran infantiles? ¡Y hasta me dijo que yo era un cursi enamorado! Si yo soy un cursi enamorado, ¿entonces usted qué es?
¡El karma le había llegado más rápido que un huracán!
Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, ¿quién creería que este era el mismo Israel de hace tres días?
—Tu tía Úrsula insistió en ponérmela, ¿qué podía hacer yo? —Israel miró a Esteban a los ojos, sin sonrojarse ni inmutarse, y dijo sílaba por sílaba—: A eso se le llama hacerle caso a la jefa.
¿Hacerle caso a la jefa?
Esteban se quedó sin palabras.
¡Rayos!
¡Qué coraje!
No podía competir, no podía discutir. Pobre de él.
***
Al fin y al cabo, ese dinero no era de Úrsula. La decisión estaba en manos de Luis, y ella solo podía darle un consejo. Si Luis lo tomaba en cuenta o no, ya no dependía de ella.
A las tres de la tarde, el avión aterrizó puntualmente en la ciudad de Luis.
Sus cuatro sobrinos habían ido a recogerlo al aeropuerto.
Al ver a sus sobrinos después de tanto tiempo, Luis saludó con entusiasmo.
—¡Néstor, Uriel, Bruno, Yair! ¿Por qué vinieron todos?
Néstor Aguilera, Uriel Aguilera y los otros dos hermanos se acercaron de inmediato.
—¡Tío!
Yair Aguilera se apresuró a tomar la maleta de Luis.
—Tío, estuvo fuera tantos días, ¡ya lo extrañábamos! Además, no nos quedábamos tranquilos dejándolo volver solo desde aquí.
Al oír esto, Luis sintió una gran calidez en el corazón. Sabía que sus sobrinos eran los mejores y más respetuosos hijos.
Con ellos, no había necesidad de andarse con cuidado.
Bruno Aguilera intercambió una mirada con Uriel y luego dijo:
—Tío, ya que estamos todos en la ciudad hoy, ¿por qué no vamos al banco a hacer la transferencia? Así nos evitamos tener que dar vueltas después. ¿Qué le parece?
Los otros tres asintieron.
—Sí, sí, sí, tío. Usted ya está grande y no le conviene andar viajando de un lado a otro, es muy agotador. ¿Por qué no lo hacemos hoy en el banco? Es algo que podemos hacer de paso.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...