Al oír esto, Minerva se quedó atónita, con los ojos llenos de sorpresa.
Era la primera vez que alguien salía en su defensa.
La primera vez que alguien la apoyaba.
Y era una chica muy guapa, vestida con ropa de marca, impecablemente planchada, con un aire de elegancia que la hacía parecer perfecta en todos los sentidos. En la mente de Minerva, ella nunca podría compararse con una chica así, ni merecía ser su amiga.
Ella era Minerva.
Había nacido para traer al mundo a su hermano.
Y la otra se llamaba Úrsula.
Su familia deseaba que fuera feliz y estuviera en paz.
No pertenecían al mismo mundo.
Pero ahora, Úrsula decía que era su amiga.
Una chica que nunca había conocido el afecto, al escuchar esas palabras, sintió que se le hacía un nudo en la garganta y le costaba respirar.
—¡No me importa si eres su amiga o no! ¡Te atreviste a llamarme perra! —gritó Abril, furiosa—. ¡Ahora mismo te exijo que te disculpes! ¡Discúlpate ya!
—¿Disculparme? —Úrsula arqueó una ceja—. Esto es un dormitorio de la Universidad de Villa Regia, no tu casa. No vengas a darte aires de niña rica conmigo. Tu familia te consiente, pero yo no.
Abril estaba a punto de explotar de rabia. Miró a Úrsula con fuego en los ojos.
—Bien, bien, ¿así que quieres buscarte problemas conmigo?
—Sí —asintió Úrsula.
¿Sí?
¿Cómo se atrevía a decir que sí?
Como si no esperara esa respuesta, Abril se quedó sin palabras por un momento y luego la miró fijamente.
—Entonces no te arrepientas. Úrsula, ¡esto no se queda así!
—Ah —respondió Úrsula con indiferencia, como si no le importara en lo más mínimo.
Abril miró a Úrsula y a Minerva con una expresión de triunfo.
Lo sabía.
Esta gente de clase baja no se atrevería a enfrentarla.
Como la abuela de Abril le había ordenado a los guardaespaldas que no le arreglaran la cama, ahora le tocaba a ella hacerlo.
Abril fue la última en llegar al dormitorio, así que solo quedaba la cama de junto a la puerta.
Las demás ya estaban ocupadas.
Abril frunció el ceño, señaló la cama junto a la ventana y dijo con aire de superioridad:
—¿De quién es esa cama junto a la ventana? ¡Que me la cambie!
Odiaba el lugar junto a la puerta.
—Es mía —respondió Úrsula—. Pero no la cambio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...