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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 982

¿Que no la cambiaba?

No importaba.

¡Ella tenía sus métodos!

Abril se cruzó de brazos e inclinó la cabeza.

—Mil.

Esa gente de clase baja solo entendía de dinero.

Con dinero, seguro que Úrsula aceptaría.

—No la cambio.

—¡Cinco mil! —insistió Abril.

Úrsula permaneció impasible.

—¡Diez mil! —siguió subiendo la oferta.

Úrsula no le hizo caso, tomó su celular y respondió un mensaje de Israel en WhatsApp.

Al ver que Úrsula ni siquiera la miraba, Abril se enfureció aún más.

—¿Diez mil no es suficiente? ¡Úrsula, no te pases de lista!

Era solo una cama.

¿Cuánto dinero más quería Úrsula?

¿Cien mil?

Típico de la gente vulgar, sin clase.

—No es que no sea suficiente —dijo Úrsula, mirando de reojo a Abril—. Es que no la cambio.

Era la segunda vez.

Abril, que nunca había enfrentado un obstáculo, se topaba con pared por segunda vez con Úrsula.

Miró a Úrsula, tratando de contener su furia.

—¡No te hagas la digna! ¡Solo quieres subir el precio! ¡Bien! ¡Te daré el gusto! ¿Treinta mil es suficiente?

¡Treinta mil!

Al oír esa cifra, las demás en el dormitorio se miraron entre sí, con los ojos llenos de asombro.

Definitivamente, las niñas ricas eran otro nivel.

Algunos se mataban trabajando todo el año para ganar treinta mil pesos.

Y la señorita, solo por cambiar de cama, ofrecía treinta mil como si nada.

Era normal que la gente común comprara una o dos prendas para aparentar.

Al pensar en esto, Ximena suspiró.

—Esa Úrsula se ve tan bonita y con clase, pero no pensé que fuera tan vanidosa.

Al ver que incluso con treinta mil pesos Úrsula no se inmutaba, Abril resopló.

—¡Úrsula, tú ganas! ¡Ponle precio! De todos modos, en mi casa lo que sobra es dinero. Hoy seré generosa y te daré lo que pidas.

Quería ver hasta dónde llegaba la ambición de Úrsula.

Hoy, esa cama sería suya.

—¿Ponerle precio? —Úrsula la miró, arqueando una ceja—. ¿Estás segura?

Una sonrisa burlona apareció en los ojos de Abril. Sabía que Úrsula estaba esperando justo eso.

—Estoy segura, ponle precio.

—Mil… —Úrsula separó los labios, hablando despacio a propósito.

Al oír ese «mil», la burla en los ojos de Tatiana se hizo más evidente. Le dio un codazo a Ximena y susurró:

—¿Ves? ¡Te lo dije! ¡Quiere cien mil! ¡Qué descaro! ¡Quiere hacerse rica con una cama! No sé ni cómo entró a la universidad.

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