Ximena tampoco podía creer que Úrsula se atreviera a pedir cien mil pesos.
—¡Cien mil, pues cien mil! —dijo Abril, mirando a Úrsula—. Quita tus cosas, ahora mismo mando a que traigan un cheque.
¿Cien mil? No era nada.
¡Hoy iba a poner a Úrsula en su lugar!
¿Cómo se atrevía alguien como Úrsula a gritonearle? Quería dejarle claro que no pertenecían al mismo mundo. ¡Cualquier cosa que ella deseara, la conseguiría sin importar cómo!
—Son mil millones —dijo Úrsula con una leve sonrisa, clavando su mirada en la de Abril.
¡¿Mil millones?!
Al oír las palabras de Úrsula, ¡Abril abrió los ojos como platos!
¡Cómo se atrevía!
¿Cómo se atrevía Úrsula a pedir eso?
—Úrsula, ¿estás loca? —El rostro de Abril se puso pálido.
—Vaya, señorita Solano, ¿no que en su casa sobraba el dinero y que yo pusiera el precio? —dijo Úrsula con los labios entreabiertos—. Lo puse y ahora no le gusta. Con solo mil millones se ofende. Parece que en su casa no solo la educación es regular, sino que su fortuna también es bastante modesta si no pueden pagar ni mil millones.
Las demás en el dormitorio también se quedaron atónitas.
¡Nadie podía creer que Úrsula hubiera pedido una cifra tan astronómica como mil millones!
—¿Está loca? ¿Se volvió loca? —dijo Ximena.
Tatiana entrecerró los ojos.
—No está loca, quiere más, pero no se atreve a decirlo.
La psicología de esa gente era fácil de adivinar.
Evidentemente, Abril también pensó lo mismo. Respiró hondo.
—¡Doscientos mil! ¿La cambias o no? ¡Solo tienes una oportunidad! Si dejas pasar esto, aunque te arrodilles y me ruegues, ya no querré tu mugrosa cama.
Doscientos mil pesos.
Era más que el salario anual de Blanqui.
Abril estaba segura de que Úrsula asentiría de inmediato.
Ximena, Tatiana, Selena y Minerva también estaban boquiabiertas.
—Señorita Solano, ¡yo se la cambio! Mi cama también está junto a la ventana, y no quiero dinero.
La cama de Tatiana estaba frente a la de Úrsula, también junto a la ventana.
No iba a dejar que Úrsula se saliera con la suya.
Abril era la hija de la familia Solano.
Llevarse bien con ella solo le traería beneficios.
¿Y si gracias a su amistad con Abril lograba ascender de clase social?
Para que una chica ascienda, no basta con estudiar.
También hay que casarse bien.
Una señorita como Abril seguro que tenía amigos que, como mínimo, eran ricos herederos de Villa Regia.
Aunque ella no venía de una familia adinerada, era guapa y tenía estudios. Casarse con un rico heredero no debería ser un problema.
Al oír a Tatiana, Abril la miró.
—¡Pues mueve tus cosas de una vez!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...