Entrar Via

La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 992

—Nuestra señorita Solano es discreta y no le gusta revelar su identidad. ¡Es normal que una aparecida como tú no lo sepa! —resopló Tatiana.

Ximena se puso las manos en la cintura.

—¡Exacto! ¡Nuestra señorita Solano es muy humilde, no como otras!

Dicho esto, Ximena se acercó a Úrsula y la miró con los ojos entrecerrados.

—Úrsula, te metiste con nuestra señorita Solano, estás acabada. Para ella, deshacerse de ti es tan fácil como aplastar una hormiga. Si sabes lo que te conviene, discúlpate ahora mismo con la señorita Solano. De lo contrario, ¡date por muerta!

—O mejor, ¡discúlpate primero con Tati y conmigo! Al fin y al cabo, somos las mejores amigas de la señorita Solano. Si intercedemos por ti, a lo mejor te perdona.

Tatiana intervino en ese momento.

—Ximena tiene razón, somos sus mejores amigas. Si te ayudamos a pedirle perdón, tal vez la señorita Solano se ponga de buenas y decida perdonarte, sin darle más importancia al asunto. Pero…

Al llegar a este punto, Tatiana hizo una pausa intencionada.

—Que intercedamos por ti ante la señorita Solano no es cualquier cosa, tienes que demostrarnos que de verdad lo sientes.

Tatiana enfatizó deliberadamente las últimas palabras.

Terminada la frase, tanto ella como Ximena miraron a Úrsula con aire de superioridad.

«Ya verán», pensaron.

Úrsula estaba a punto de disculparse con ellas.

Solo de imaginar la escena, Ximena y Tatiana sentían una emoción incontenible.

Llevaban todo el día adulando a Abril; por fin les tocaba a ellas ser el centro de atención.

La simple idea les resultaba gratificante.

—Ustedes dos —dijo Úrsula, sentada en la silla con las piernas cruzadas y la espalda recargada en el respaldo, en una postura de jefa total. Sus labios se abrieron ligeramente y su voz sonó fría—: Pídanme perdón de rodillas.

—¿Perdón de rodillas? ¡Qué ridícula! Úrsula, ¿estás loca? ¿Por qué habríamos de arrodillarnos ante ti? —Tatiana frunció el ceño.

Esta Úrsula era una descarada.

Cualquier otra persona ya se habría disculpado con ellas.

Cuando se fueron, Selena bajó de inmediato de su cama y se acercó a Úrsula.

—¡Úrsula! ¿Y ahora qué? Abril es la hija de la familia Solano. Si decide ir contra ti, ¿con qué te vas a defender?

Úrsula sonrió con calma.

—¿De verdad crees que ella es la hija de la familia Solano?

—¿Pues no lo es? —preguntó Selena, confundida.

Úrsula continuó:

—La hija de la familia Solano no tendría tan malos modales.

Minerva intervino.

—La verdad, si comparo a Abril contigo, me parece que tú te pareces más a la hija de la familia Solano.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera