Úrsula era bonita, inteligente, amable y nunca trataba a la gente con desprecio; cumplía con todas las expectativas que Minerva tenía de la hija de la familia Solano.
Incluso si Úrsula no lo fuera, la verdadera heredera debería ser alguien como ella.
No como Abril.
—Mmm —Úrsula miró a Minerva y le levantó el pulgar—. ¡Minerva, qué buen ojo tienes!
Minerva dijo sorprendida:
—Úrsula, ¿eso significa que tú eres la heredera de una familia importante?
—Así es —asintió Úrsula levemente.
Minerva exclamó emocionada:
—¡Selena, ya ves! ¿Qué te dije? ¡Úrsula es la verdadera hija de la familia Solano!
Minerva no dudó ni por un segundo de las palabras de Úrsula.
Selena se rio.
—Úrsula está bromeando contigo, ¡y tú te lo crees! Es como si yo dijera que soy la hermana del señor Ayala, ¿me creerías?
—No te creo —respondió Úrsula.
—¿Por qué? —Selena la miró—. Úrsula, ¿no puedes seguirme el juego?
Úrsula tomó su vaso y bebió un sorbo de agua con un popote.
—Porque Israel solo tiene una hermana mayor, no tiene hermanas menores.
Selena replicó:
—¡Entonces soy su hermana mayor!
Úrsula volvió a negar con la cabeza.
—Julia ya debe tener casi cincuenta años, ¿crees que tu edad coincide?
Selena la miró con incredulidad.
—Úrsula, ¿cómo es que sabes tanto sobre la familia del señor Ayala?
—Porque mi novio se llama Israel —dijo Úrsula.
Selena soltó una carcajada.
—¡Ja, ja, ja! Úrsula, qué buena eres para las bromas.
—Si no les molesta, les puedo dar lo que queda.
—No, para nada, ¿cómo nos va a molestar? Poder comernos lo que usted dejó es un honor para nosotras —Tatiana tomó el tenedor y empezó a comer el postre sobrante, y luego le contó a Abril lo que había pasado en el dormitorio—. ¡Esa Úrsula es una descarada, atreverse a hacerse pasar por usted!
Al escucharla, Abril puso los ojos en blanco.
—Qué sinvergüenza.
Una Méndez queriendo hacerse pasar por una Solano.
Qué risa.
En ese momento, como si recordara algo, el rostro de Abril se puso serio y miró a Tatiana y Ximena.
—Por cierto, ¿les contaron a las demás en el dormitorio sobre mi verdadera identidad?
—Sí —asintió Ximena—. Señorita Solano, ¡no tiene idea de lo sorprendidas que se quedaron Minerva y Selena cuando se enteraron!
Ximena pensó que con eso se ganaría el favor de Abril, pero, para su sorpresa, la cara de Abril se ensombreció aún más.
—Por hoy está bien, pero en el futuro, sin mi permiso, ¡no vuelvan a hablar de mi identidad con nadie!
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...