—Estás rara últimamente —soltó Cynthia desde la videollamada, mirándola con atención—. ¿Traes algo en la cabeza, o qué?
Se quedó callada un momento y volvió a la carga:
—No me digas que sigues pensando en ese tal Ávalos... Vane, ni te metas, ese tipo no lo vale.
—¿Qué cosas dices? —Vanesa se rio, despreocupada—. ¿Él? Para mí ahora, ese tipo vale lo mismo que la basura.
Después de enfrentar esas verdades tan crueles, la Vanesa que solía estar completamente entregada a Raimundo ya no existía.
Sí, en su momento se había equivocado, pero si, aún conociendo la verdad, seguía empecinada en lo mismo, hasta ella sola se despreciaría.
—¡Eso está mejor! Ni caso le hagas. Mejor regresa feliz y ponte a salir con nuestro gran artista, ¿no suena mucho mejor?
Vanesa lo soltó de inmediato:
—Deja de decir tonterías.
—¿Tonterías? Ustedes ya tienen un compromiso, eso es como empezar una relación, ¿o no?
Esta vez, Vanesa no encontró cómo rebatirle.
—Ya veremos qué pasa.
—Bueno, ya me voy a jugar. Tú vete a dormir temprano, ¿eh? Te espero de vuelta, ¡besos!
Al terminar la frase, Cynthia cortó la videollamada.
Vanesa se puso otra mascarilla en el rostro.
Se sentía tranquila, con la mente despejada.
En definitiva, si ella misma aceptó ese compromiso, tenía que responsabilizarse por sus palabras.
Quizá, en algún momento, su corazón sí se estremeció por culpa de alguien que apareció de la nada en su vida.
Pero al final, todo volvería a la calma.
...
La mañana del quince, Vanesa llegó puntual al aeropuerto.
Jaime ya la esperaba ahí.
Al verlo, Vanesa le regaló una sonrisa serena.
—Buenos días, presidente Morán.
—Buenos días, señorita Galindo.
El asistente miró a Jaime, como esperando instrucciones.
—Te llevo primero a la casa Galindo —dijo Jaime.
—Gracias, presidente Morán, pero mi familia ya mandó el carro por mí —contestó Vanesa con una sonrisa—. Seguramente ya me esperan afuera del aeropuerto.
Al escucharla, Jaime no insistió.
—Presidente Morán...
Vanesa lo miró. Pensaba agradecerle una vez más, pero, ¿cómo podría pagarle todo lo que le debía solo con un simple “gracias”?
Así que, en vez de eso, solo dijo:
—Hasta luego.
Jaime la miró también, con una expresión imposible de descifrar.
—Nos veremos pronto.
Por la relación entre sus familias, esas palabras tenían todo el sentido, así que Vanesa no le dio demasiadas vueltas. Tomó su maleta y se fue.
El sonido de sus tacones resonaba fuerte y seguro contra el piso, mientras los pasos de Jaime quedaban cada vez más atrás.

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