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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 117

C117-APRENDER DE LA PRIMERA ESPOSA

Zayd estaba de pie detrás del escritorio cuando entraron.

Las miró a las dos, primero a Mariam, luego a Jade, y esperó a que su padre terminara de acomodarse en la silla antes de hablar. Sila estaba junto a la puerta con las manos cruzadas.

—El jeque Al-Farsi nos ha invitado a su territorio —anunció Zayd—. Una alianza, iremos a representar a la familia Al-Rashid.

Mariam asintió despacio sabiendo que esta era la prueba de la que hablaban.

—Entiendo. —hizo una pausa y miró a Jade —. ¿Y Jade viene también?

El silencio duró un segundo, mientras Ibrahim se movía en la silla.

—¿Hay algún problema con eso? —preguntó.

Mariam lo miró.

—Es que pensé que el viaje era... una evaluación para mí. Para mi posición como segunda esposa. —Lo dijo con cuidado, midiendo cada palabra—. No entendí por qué...

—Jade irá porque es esposa de Zayd. —Ibrahim la cortó—. La primera y ese derecho no se negocia ni se cuestiona. Las tribus aliadas esperan ver a las dos. No a una.

Jade no dijo nada, pero la invadió una satisfacción que lo decía todo, le salía por cada poro sin necesitar abrir la boca.

Mariam la miró un segundo, luego miró a Zayd y él tragó.

Tenía la mandíbula apretada y los ojos fijos en ella con una expresión que Mariam conocía, la de alguien que sabe que no hay ningún movimiento disponible y que lo sabe desde antes de que la conversación empezara.

No había nada que pudiera hacer.

Entonces ella se prometió algo en ese segundo, sin palabras, sin testigos que Jade no volvería a dejarla en vergüenza. No en ese viaje, no delante de las tribus aliadas, no delante de Ibrahim, no delante de nadie.

Así que sonrió, se giró hacia Ibrahim con las manos cruzadas sobre el regazo y la espalda recta y dijo lo que nadie de esa sala esperaba.

—Tiene razón, jeque Ibrahim. —La voz le salió suave, sin el filo visible que la caracterizaba—. Es el orden correcto y es justo que así sea. Aprenderé mucho de observar cómo la primera esposa representa a la familia. Estoy aquí para sumarme, no para competir.

Ibrahim parpadeó.

Jade parpadeó.

Y Zayd la miró con los ojos entrecerrados, porque él la conocía.

Conocía esa vena rebelde que ella cargaba desde adentro y que no desaparecía solo porque uno sonriera. Sabía exactamente lo que había debajo de esas palabras y lo que no había dicho.

Aun así, Ibrahim asintió despacio complacido y sorprendido.

—Alá está haciendo su obra en ti, hija. —Lo dijo con un tono que era lo más cercano a un elogio—. Eso es sabiduría.

Mariam inclinó la cabeza, diciéndose que podía jugar el mismo juego de su prima.

—Alá es generoso. —Hizo una pausa breve—. Y yo tengo mucho que aprender todavía.

Lo dijo mirando a Ibrahim. Pero la última parte la dijo con los ojos un segundo en Jade.

—Cada día es una oportunidad para hacerlo mejor.

Cuando Jade entendió el mensaje implícito, Mariam ya había apartado sus ojos.

(…)

Poco después, cerró la puerta de su habitación y empezó a caminar.

De la ventana a la cama. De la cama al armario. Del armario a la ventana. Los pies sobre la alfombra se movían con una energía que no tenía a dónde ir y que necesitaba moverse o explotar.

Laila la observó desde el rincón con las manos juntas y los ojos siguiéndola de un lado al otro.

—Seguro que algo hizo, mi señora. —Lo dijo en voz baja—. Esa mujer es como una cobra venenosa. Quieta, quieta... y cuando menos uno lo espera. —Chasqueó la lengua—. ¡Zaz! Mejor cuídese, mi señora. Ya ve que ella no necesita mucho para...

—Lo sé, Laila. —Mariam se detuvo frente a la ventana—. Lo sé.

No lo dijo para callarla.

C117-APRENDER DE LA PRIMERA ESPOSA 1

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