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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 14

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C14: BESA LA MANO DE TU SUEGRO.

La sala de recepciones matutinas del palacio ocupaba el ala este, con techos de siete metros, arcos de piedra caliza y una mesa central que podía sentar a veinte personas sin que nadie se rozara los codos. En el centro de la mesa, había dátiles, pan de sésamo, labneh, huevos especiados y té de azafrán en jarras de plata que esperaban con una precisión que parecía ensayada.

Mariam entró con Laila dos pasos atrás y la espalda recta.

Zayd estaba de pie junto a la cabecera, con una túnica blanca sin una sola arruga y el bisht negro sobre los hombros. Tenía los brazos cruzados y los ojos fijos en ella desde el momento en que cruzó el umbral, con esa expresión que no daba nada gratis.

El corazón de Mariam golpeó dos veces más rápido de lo que debería, pero ella desvió la vista hacia la mesa y se dirigió a su silla sin mirarlo.

Y él alzó una ceja ante la grosería.

Jade estaba sentada a la derecha, con un vestido color crema y cada cabello en su lugar, perfecta como siempre. Su sonrisa llegó antes que cualquier palabra, ancha, cálida y completamente falsa. Sus ojos, sin embargo, recorrieron a Mariam de arriba abajo con un filo que podría cortar cristal.

Al mismo tiempo las sirvientas formaban una línea discreta a lo largo de la pared, mientras dos guardias flanqueaban la entrada.

Entonces Zayd carraspeó.

—Presento a Mariam Sabag —dijo, con la voz que usaba cuando hablaba para que todos escucharan—. Segunda esposa del jeque Al-Rashid y parte de esta familia desde hoy. Merece el mismo respeto que cualquier miembro de este hogar, ¿está claro?

Las sirvientas hicieron una reverencia simultánea y los guardias inclinaron la cabeza.

De repente Jade se puso de pie.

—Y espero que todas la traten con la misma calidez que yo le ofrezco. —Su voz llegó clara, dulce, perfectamente modulada para la sala entera. Y sus ojos, clavados en Mariam, decían exactamente lo contrario—. Bienvenida hermana.

Mariam le sostuvo la mirada tres segundos completos. Y casi quiso reír de su buena actuación, ella sabía que Jade preferiría verla en el desierto que sentada en esa mesa, y ambas lo sabían. Lo que Jade no sabía era que Mariam llevaba dos años en Nueva York aprendiendo a sonreír frente a personas que la querían fuera del juego.

Abrió la boca para dar sus palabras de agradecimiento, pero las cerró. Porque las puertas del salón se abrieron de golpe.

El jeque Ibrahim entró.

Era un hombre de setenta años, su bisht era negro con bordados plateados, su barba blanca estaba recortada con precisión militar y sus ojos, oscuros y hundidos bajo cejas densas, no perdían detalle de nada. Cargaba un rosario de ámbar entre los dedos que movía despacio, un grano a la vez, como si el tiempo le perteneciera.

Todos en la sala se pusieron de pie.

Las sirvientas bajaron la cabeza, los guardias se cuadraron. Y Jade hizo una reverencia que duró exactamente lo que debía durar. Mientras que Zayd también inclinó la cabeza hacia su padre con una sobriedad que hablaba de años de protocolo aprendido a la fuerza.

Fue Mariam quien no se inclinó, no hizo reverencia, no hizo nada.

Ante su grosería, el jeque Ibrahim cruzó la sala sin prisa y posó los ojos en Mariam. No había curiosidad en esa mirada, había evaluación, desdén.

—Mustafa es un hombre de honor y esperé que su hija lo fuera también.

El silencio que siguió fue denso. Ibrahim dejó que las palabras se asentaran antes de continuar, sus ojos fijos en Mariam con una dureza calculada.

C14: BESA LA MANO DE TU SUEGRO. 1

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