C13: ¿CÓMO ES LA RELACIÓN ENTRE ZAYD Y JADE?
El tocador era obscenamente lujoso.
Mármol blanco con venas doradas, un espejo enmarcado en latón tallado que ocupaba media pared, y sobre la superficie, más frascos de perfume y polvos de los que Mariam había visto juntos en su vida. Se sentó en el taburete tapizado y cruzó los brazos mientras Laila terminaba de acomodar el shayla negro sobre su cabeza, ajustando los bordados de oro con una precisión que hablaba de años de práctica.
En el espejo, el resultado era impecable.
Mariam lo estudió un segundo y luego desvió la vista. No era la tela lo que le molestaba—era hermosa, en realidad—sino la obligación detrás de ella. El peso de cubrirse porque un grupo de hombres había decidido hacía siglos que esa era la única forma correcta de existir.
Mientras que en Nueva York podía caminar con el cabello suelto sin que nadie la juzgara, sin que su cuerpo se convirtiera en declaración política o prueba de moralidad.
Allá era simplemente Mariam.
Aquí era un problema que resolver con metros de seda.
—Lista, mi señora. —dijo Laila retrocediendo y mirándola con la satisfacción de alguien que acaba de terminar una obra—. Es usted la mujer más hermosa que ha pisado este ala del palacio. —confesó e hizo una pausa, soltando una sonrisa real—. Casi parece un ángel... aunque a la Primera Esposa no le gusten los ángeles que brillan más que ella.
Mariam alzó las cejas ante el comentario y Laila siguió hablando, acomodando un broche como si no hubiera dicho nada extraordinario.
—Tenga cuidado con Hala, mi señora. Esa le cuenta hasta sus suspiros a la señora Jade. —Bajó la voz deliberadamente—. Y esa mujer tiene el corazón de piedra.
Fue entonces cuando Laila levantó los ojos hacia el espejo y se encontró con los de Mariam.
El color abandonó su cara en dos segundos, por la conexión que llegó sola, sin que nadie la dijera: la segunda esposa y la primera eran primas.
Primas.
Y lo que acababa de decir sobre Jade no era un chisme de pasillo, era una sentencia dicha frente a su familia directa.
La chica rodeó el taburete con una velocidad sorprendente y empezó a hacer reverencias.
—Mi señora, le juro que no pretendía ofender, fue mi lengua, siempre ha sido más rápida que mi cabeza, le pido perdón, de verdad, no volverá a ocurrir, le juro por Alá que…
—Laila. —Mariam tomó el lápiz khol de la mesa—. Para.
La chica se detuvo a media reverencia.
—¿No está molesta, mi señora?
Mariam se inclinó hacia el espejo y empezó a delinearse el ojo izquierdo con una línea limpia y precisa que hacía que el azul de su iris pareciera sacado de otro planeta.
—Para nada. —Terminó la línea sin un solo temblor—. Jade es una bint el-ḥanash. (serpiente)
Laila parpadeó, luego se tapó la boca con las dos manos, pero la risa salió de todas formas.
—Tiene usted razón, mi señora —logró decir—. Hija de serpiente es... eso exactamente...
—La descripción más precisa que conozco, sí.
Laila se recompuso, pero la sonrisa no desapareció del todo. Retomó su lugar detrás de Mariam y empezó a ajustar el shayla con manos más relajadas.
—Por lo general muchas aquí no nos sentimos felices con la señora Jade. Desde que llegó al palacio ha sido muy dura con los sirvientes. El jeque muchas veces no lo sabe.
La mano de Mariam se detuvo sobre el khol y sus ojos encontraron a Laila en el espejo.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!