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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 26

C26 - LA CONFESIÓN DEL JEQUE.

ZAYD.

Me quedo paralizado con la mano todavía en el picaporte, mirándola.

De pie junto a la ventana es como una aparición que mi mente enferma ha conjurado tantas veces que ya no sé distinguir entre memoria y alucinación.

—¿Qué haces aquí? ¿No se supone que esta noche es de Jade?

Su voz me golpea como un puñetazo en el estómago.

Tiene razón. Esta noche le corresponde a Jade. Es su turno según el sistema que rige este mundo, según las reglas que yo mismo establecí cuando decidí casarme con ella para demostrar que podía seguir adelante.

Qué mentira tan patética.

Más aún cuando mis pies me trajeron aquí. A ella.

Cierro la puerta detrás de mí y no respondo su pregunta porque no tengo una respuesta que no me haga parecer exactamente lo que soy: un hombre obsesionado. Poseído. Completamente a merced de una mujer que debería odiarme.

En cambio, la miro.

Y por primera vez dejo que ella vea lo que he estado escondiendo detrás de cada rechazo, de cada suspensión, de cada palabra cruel.

Necesidad.

Pura, cruda y destructiva necesidad.

Necesidad de verla. Necesidad tocarla.

Entonces doy un paso hacia ella, luego otro. Y Mariam no retrocede, pero veo cómo su cuerpo se tensa. Cómo sus dedos se cierran sobre la tela del camisón, cómo su respiración se acelera apenas, de una forma tan sutil que cualquier otro hombre no lo notaría.

Pero yo no soy cualquier otro hombre.

Yo he memorizado cada uno de sus gestos. Cada suspiro. Cada microexpresión que cruza su rostro cuando cree que nadie está mirando. Porque la he estudiado como quien estudia un texto sagrado. Con devoción, con obsesión, con la certeza de que en ella está escrita la única verdad que importa.

Sin embargo, me detengo a un metro de distancia. Demasiado cerca para ser apropiado, pero demasiado lejos para lo que realmente quiero.

—Debería estar con Jade —digo finalmente. Y mi voz sale más ronca de lo que pretendía. Más honesta—. Lo sé.

Hago una pausa y el aire entre nosotros se espesa, cargado de todo lo que no me atrevo a decir.

—Pero vine aquí.

Porque no amo a Jade.

Las palabras resuenan en mi mente aunque no las diga en voz alta.

Nunca la he amado.

Me casé con ella por orgullo. Puro, estúpido y destructivo orgullo. Lo hice para demostrarle al mundo que Zayd Al-Rashid podía seguir adelante. Para convencerme a mí mismo de que Mariam Sabag no me había roto cuando me dejó.

Pero cada noche que paso en la cama de Jade, cierro los ojos y veo a ella. Cada vez que Jade me sonríe, siento el vacío donde debería estar la sonrisa de Mariam. Cada vez que la toco y cumplo con mi deber de esposo, tengo que imaginar que es ella para poder siquiera...

Alá, perdóname.

Soy un monstruo.

Lo sé.

—Zayd, ¿me estás escuchando? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué viniste aquí, Zayd?

Porque te amo.

Porque siempre te he amado.

Porque cada suspensión de boda no fue rechazo sino miedo.

Miedo de admitir que tú tienes el poder de destruirme. Miedo de reconocer que yo, el hombre que domina un imperio, estoy completamente a merced de ti. Miedo de aceptar que preferiría arrodillarme ante ti que reinar sobre cualquier otra.

Pero no digo nada de eso.

Porque soy un cobarde.

Siempre lo he sido cuando se trata de ella.

De repente recuerdo la primera vez que suspendí la boda. Fue la noche anterior antes de comunicarselo, la había visto probándose el vestido y estaba radiante.

C26 - LA CONFESIÓN DEL JEQUE. 1

C26 - LA CONFESIÓN DEL JEQUE. 2

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