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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 41

C41- ADORAR A SU MUJER.

Zayd la besó como si hubiera estado muriendo de sed durante tres años.

Su boca se apoderó de la de Mariam con hambre y reverencia al mismo tiempo. Primero fue un roce firme, posesivo, y luego su lengua trazó el contorno de sus labios antes de profundizar. Cuando ella entreabrió la boca, él entró con una lentitud devastadora, enredando su lengua con la de ella en una danza caliente y húmeda. Y Mariam sintió cada caricia de esa lengua como una chispa que bajaba directamente entre sus piernas.

Fue imposible que un gemido suave, roto, se le escapara desde el fondo de la garganta.

Y ese sonido fue gasolina para Zayd.

Sus manos grandes y fuertes se enterraron en el cabello de ella, sujetándola exactamente donde quería mientras inclinaba la cabeza y profundizaba más el beso. Su cuerpo desnudo, fornido y ardiente, se pegó al de Mariam y ella pudo sentir cada músculo tenso de su pecho ancho, el abdomen marcado, y más abajo, la gruesa y dura longitud de su pene presionándose insistentemente contra su vientre.

Caliente. Pesado y pulsante solo por ella. Y el centro virgen de Mariam latió salvajemente en respuesta, como un llamado primitivo al único hombre que en su corazón sabía podía poseerla.

El vapor del hammam subía en densas nubes, haciendo que la abaya se le pegara al cuerpo como una segunda piel húmeda, marcando cada curva. Aun así, Zayd no separó sus labios ni un segundo, en cambio sus manos bajaron por la espalda de ella con lentitud deliberada, hasta apoderarse de sus nalgas redondas y firmes, apretándolas con posesión masculina.

Sin esfuerzo aparente, la levantó y la sentó sobre la encimera de mármol frío.

El contraste de temperaturas la hizo jadear contra su boca.

Mariam ya no pensaba.

Sus dedos se enredaron en el cabello negro y espeso de Zayd, tirando suavemente mientras correspondía al beso con la misma desesperación que había guardado durante tres años, entonces él se colocó entre sus piernas abiertas, separándolas más con sus caderas poderosas.

—Ya rouhi… —murmuró contra sus labios, la voz ronca y grave—. Mi alma.

Sus labios bajaron por su cuello, besando, succionando, mordiendo suavemente la piel sensible. Mientras tanto, sus manos subían por debajo de la abaya húmeda, deslizándose por la piel caliente de sus muslos.

Mariam tembló.

Cada palma grande y callosa de Zayd dejaba un rastro de fuego a su paso, mas después de tres años amándolo en silencio, odiándolo y deseándolo al mismo tiempo, esto se sentía correcto.

Verdadero.

Como si cada segundo de dolor hubiera sido solo el precio para llegar aquí.

La abaya se amontonó en su cintura y Zayd se separó apenas lo suficiente para mirarla a los ojos.

C41- ADORAR A SU MUJER. 1

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