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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 40

C40-SOY TUYO.

Mariam no retrocedió.

No supo si fue orgullo o parálisis, pero sus pies no se movieron y sus ojos, traidores absolutos, tardaron exactamente tres segundos en apartar la mirada de Zayd para clavarse en cualquier otro punto del hammam que no fuera él.

Zayd la observó un instante y luego habló.

—Puedes mirar, Mariam. —hizo una pausa deliberada—. Todo lo que ves es tuyo.

El aire del hammam se volvió más denso.

Mariam sintió el calor subirle por el cuello hasta las orejas y se odió por eso, se odió con una eficiencia considerable, porque no era una adolescente y Zayd Al-Rashid no tenía ningún derecho a decirle eso con esa voz y ese tono y esa boca mientras el vapor lo envolvía como si el universo entero estuviera conspirando en su contra.

Pero lo miró.

Claro que lo miró.

Porque era humana, porque era imposible no hacerlo, y porque la alternativa era seguir mirando el mosaico como si le debiera algo.

Y entonces él salió del agua.

Despacio.

Sin apresurarse.

Con esa seguridad de quien sabe exactamente el efecto que produce y no necesita subrayarlo. El vapor aumentó cuando se movió, cada paso que dio hacia ella fue medido, deliberado, con la misma precisión con que tomaba cualquier decisión que importaba y se detuvo a un palmo de distancia, haciendo que el calor de su cuerpo llegara antes que sus palabras.

—Soy tuyo, Mariam. —Lo dijo directo, sin adorno y mirándola a los ojos—. Puedes mirar, puedes acercarte. —Se inclinó, lo suficiente para que su boca quedara a un suspiro de la de ella, y bajó la voz hasta convertirla en algo que solo existía entre los dos—. Probar.

Cada palabra cayó sobre Mariam como una piedra en agua quieta, con sus propias ondas, su propio peso. Y su cuerpo, ese traidor magnífico, respondió a cada una con una honestidad que su mente habría preferido suprimir.

El pulso se le aceleró.

El calor se instaló en su pecho y bajó.

Y aunque luchó contra eso, aunque reunió todo el rencor acumulado no pudo mentirse.

Amaba a Zayd Al-Rashid.

Lo amaba con esa clase de amor que no pide permiso y no acepta argumentos, el tipo que se instala sin que uno lo invite y se niega a irse aunque uno le abra todas las puertas. Lo amaba y eso la enfurecía y la aterrorizaba a partes iguales, porque él era compartido, porque había heridas entre ellos y porque su orgullo era lo único que le quedaba intacto en ese palacio.

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C40-SOY TUYO. 3

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