C58- DISTANCIAS CALCULADAS
Mariam se había convencido de que aceptó para escapar del palacio.
Eso era todo.
Aire fresco, paredes que no fueran las de siempre, un rato sin Jade circulando por los pasillos. Se lo repitió tres veces mientras subía al vehículo y otras dos mientras cruzaban Al-Olaya.
No era por él.
No era porque cuando Zayd era así, atento y tranquilo, algo en ella bajaba la guardia sin pedirle permiso.
La librería Jarir ocupaba dos plantas y olía a papel nuevo y café. Zayd entró primero y el gerente los recibió con una inclinación discreta, despejó el pasillo central sin que nadie lo pidiera y mantuvo al personal a distancia.
No era ostentoso.
Era simplemente lo que pasaba cuando un jeque Al-Rashid entraba a cualquier lugar de Riad.
Mariam lo ignoró y se fue directo a las estanterías.
Zayd la siguió con las manos en los bolsillos, mirando los títulos con la misma concentración con la que probablemente revisaba contratos. Pasaron por la sección infantil y él se detuvo. Tomó un libro grueso, de tapa dura, con una ilustración de guerreros a caballo cruzando un desierto.
—Este —dijo, mostrándoselo.
Mariam lo miró.
—¿Batallas árabes del siglo VII?
—Son historias importantes.
—Son pesadillas ilustradas. —Le quitó el libro de las manos y lo devolvió al estante—. Si le lees eso para dormir, el bebé va a crecer con ojeras.
Zayd abrió la boca, pero la cerró. Ella tenía razón.
Mariam ya se había dado vuelta para buscar en el estante de enfrente, algo con colores y animales y que no incluyera decapitaciones históricas. Recorrió los lomos con el dedo, concentrada, y cuando encontró uno lo sacó y se giró.
Zayd estaba ahí… a diez centímetros. Había cruzado el pasillo sin que ella lo escuchara y ahora estaba tan cerca que ella tuvo que dar un paso atrás, hasta que su espalda tocó los estantes.
—No empieces —dijo ella, con el libro apretado contra el pecho.
Zayd miró hacia un lado del pasillo. Luego al otro. Y vio que estaba completamente vacío.
—Nadie nos ve —susurró pecaminoso, y eso era casi peor que si hubiera sonreído.
Mariam hizo una mueca, tragando para no caer ante sus encantos malvados.
—Ah, claro. Porque si nadie nos ve, ¿qué? ¿Qué crees que va a pasar?
Zayd se acercó un centímetro más.
—Escucharme, por ejemplo. Saber que yo…
Ella le puso una mano en el pecho y lo empujó.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!