C74: TARADO
Torres Al-Rashid
Zayd colgó la primera llamada y marcó de inmediato al siguiente número.
—Quiero el itinerario confirmado para el miércoles. —Su voz era la de siempre en los negocios: directa, sin espacio para interpretaciones—. El vuelo privado sale a las seis de la mañana. Necesito que el hotel en Ginebra tenga la suite presidencial lista desde la noche anterior, no el día de llegada. Y coordina con el equipo de seguridad suizo, quiero el perímetro revisado antes de que aterricemos.
Hubo una pausa al otro lado.
—¿Para cuántas personas, señor?
—Para dos. —Lo dijo sin dudar—. Solo dos.
En Arabia Saudita, un jeque que viajaba al exterior con su familia tenía opciones. Podía llevar a varias esposas si el viaje era largo o familiar. Pero los viajes de negocios funcionaban diferente. Era común, y completamente aceptado, que un hombre eligiera a una sola esposa para acompañarlo en ese tipo de desplazamiento, era una decisión práctica que nadie cuestionaba, y Zayd no necesitaba justificarla ante nadie.
Había elegido a Mariam.
No lo había pensado demasiado.
Los negocios en Ginebra durarían dos días.
Reuniones, firmas, una cena con los socios europeos. Pero después de eso habría tiempo. Tiempo sin el palacio, sin las rutinas, sin todo lo que los rodeaba aquí. Solo él y ella y el primer trimestre de un embarazo que todavía no había tenido oportunidad de celebrar como quería.
Cerró la carpeta sobre el escritorio y se recostó en la silla.
Pensó en su cara junto a la ventana esa mañana, en la mano sobre el vientre, la vista perdida en el jardín, ese silencio suyo que ya había aprendido a leer aunque ella no lo supiera, quería sacarla de Riad aunque fuera una semana.
—Confirmado para el miércoles —dijo su asistente al otro lado.
—Bien. —Zayd cortó la llamada.
Mientras tanto, Yasmine entró al palacio con el paso de alguien que tiene prisa pero no puede demostrarlo. El guardia de la entrada la saludó con una inclinación y ella respondió sin detenerse, cruzó hacia el corredor principal con la cabeza alta y los nervios completamente escondidos.
Fue entonces cuando casi chocó con Jade.
Las dos se detuvieron al mismo tiempo y el silencio que siguió duró exactamente lo que tardaron en evaluarse.
Jade sonrió primero, con ese tipo de sonrisa que no tiene nada de amable.
—Yasmine. Qué frecuente te veo por aquí últimamente.
—¡Ja!—respondió Yasmine, con una calma perfecta—. Y a mi, me alegra ver que te estás familiarizando con los pasillos. Si sigues perdiendo terreno, te va a tocar mudarte.
El color le subió a la cara a Jade en menos de un segundo, se tensó de pies a cabeza y abrió la boca.
—Hala. —Lo dijo girándose hacia su sirvienta con una rigidez que lo decía todo—. Vamos.
La sirvienta salió detrás de ella sin levantar los ojos del suelo. Yasmine las vio alejarse, esperó hasta que doblaron el corredor y siguió caminando.
Cuando llegó a la habitación, Mariam estaba de pie, la miró a la cara y supo de inmediato que las noticias no eran buenas.
—¿Qué pasó?
Yasmine dejó el bolso sobre la silla y buscó cómo decirlo.
—Ese americano está completamente demente. No dio el brazo a torcer. Me dio un ultimátum: o vas tú, o él viene a reventar las puertas del palacio.
Mariam palideció, al mismo tiempo que se tapaba la boca con la mano y cerraba los ojos durante un segundo. Si Baron iba al palacio, Zayd lo mataría o lo metería en una prisión del desierto.
—Además. —Yasmine respiró—. En el hotel estaba Hazem. Me vio salir.
Los ojos de Mariam se abrieron de golpe.
—Por Alá. —La voz le salió pequeña—. ¿Y qué pasó? ¿Descubrió algo? ¿Preguntó?
—No. —Yasmine negó con la cabeza—. Logré engañarlo. Pero eso no resuelve el problema principal, Mariam. Baron viene. Está convencido de que yo le mentí y tiene las horas contadas antes de presentarse en esas puertas. —Hizo una pausa—. Tienes que verlo tú. Y tiene que ser ya.
El silencio que siguió fue pesado.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!