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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 75

C75-LA FUGA

Era media mañana en Riad y el palacio Al-Rashid respiraba con una calma engañosa.

Zayd no estaba.

Él había salido antes de las ocho hacia la reunión del consejo de estado. Mariam lo había escuchado desde su habitación, los pasos en el corredor, las voces del personal de seguridad coordinando el convoy, el sonido de los motores alejándose.

Había esperado veinte minutos más antes de moverse.

Ahora estaba frente al espejo.

La abaya era sencilla, negra, sin bordados ni detalles que la identificaran con el niqab le cubría todo excepto los ojos. Se miró durante un momento largo y no reconoció del todo a la mujer que le devolvía la mirada.

Bien. Eso era exactamente lo que necesitaba.

Todo Riad conocía a la nueva esposa del jeque Al-Rashid. Su cara había circulado en los círculos correctos desde la boda, y en una ciudad donde los rumores viajaban más rápido que los coches, ser reconocida era el peor error que podía cometer.

Pero una mujer con niqab en Riad no era nadie en particular. Era cualquiera. Era todas.

Nadie miraría dos veces.

Cerró los ojos un segundo.

—Alá, ihdini. (Alá, guíame) Baron, espero que entiendas.

Abrió los ojos, se dio la vuelta y fue a la cama.

Laila entró cuando Mariam la mandó llamar y la encontró acostada con las sábanas hasta el cuello, la cabeza apoyada en la almohada, el niqab ya guardado debajo del colchón.

—Me mandó a llamar, mi señora.

—Sí, Laila. —Mariam moduló la voz para que sonara cansada, que no era difícil porque el primer trimestre le había estado cobrando cada noche de sueño mal dormida—. Hoy me siento un poco indispuesta. Descansaré. No quiero ser molestada, ¿de acuerdo?

La sirvienta dio un paso hacia ella con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Quiere que le avise a la vieja jequesa? ¿Llamamos al médico?

—¡No! —Se le escapó demasiado rápido, así que carraspeó—. No es necesario. Son los primeros meses, Laila. El agotamiento es normal, solo necesito dormir.

Laila la miró un momento más de lo que Mariam hubiera querido, luego asintió.

—Está bien, mi señora. No será molestada.

Cerró la puerta, Mariam soltó el aire despacio, contó hasta treinta y se levantó.

Conocía el palacio Al-Rashid mejor de lo que nadie hubiera imaginado.

Cuando estaba prometida a Zayd, había venido decenas de veces. Siempre con alguna excusa, siempre con su madre o con Noura, pero la verdad era más simple: quería estar cerca de él.

Por eso, había caminado esos corredores, había memorizado cada ala, cada salida, cada escalera sin proponérselo, porque cuando amas a alguien aprendes los espacios que habita casi sin darte cuenta.

Las escaleras de servicio estaban en el ala este, detrás de la cocina principal. Las usaba el personal de proveedores tres veces por semana. A esta hora, entre la entrega de la mañana y la preparación del almuerzo, había una ventana de veinte minutos donde ese corredor quedaba prácticamente vacío.

Mariam lo había calculado con Yasmine la noche anterior.

Por eso ahora, bajaba pegada a la pared, con pasos cortos y rápidos, sin correr porque correr llamaba la atención. Pasó por el corredor de almacenes, giró en la esquina de los vestuarios del personal y llegó a la puerta metálica del área de proveedores.

Empujó y aire caliente de Riad le golpeó la cara.

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