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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 142

—Es Aurora.

Álvaro vio la pantalla de su celular: sin señal. De repente, entendió todo. Miró a Mariano, quien mantenía una expresión impasible, y, con voz contenida, habló despacio:

—Estoy aquí firmando el contrato con el señor Mariano, ya casi termino. ¿Me buscabas por algo?

—Profe, es que Agustín invitó a toda la clase a su cumpleaños e invitó especialmente a Joaquín. Él me pidió que te preguntara si puede ir. Le hace mucha ilusión, ya hasta compró el regalo.

—Ajá.

Álvaro colgó. El miedo lo invadió de golpe, como si una corriente helada le subiera por la espalda.

No podía creer lo meticuloso que era Mariano, cada movimiento conectado con el anterior, sin dejar ningún resquicio. Por poco y caía en su trampa.

Pero Aurora no tenía manera de contactarlo así de fácil.

¡Fue Bego quien movió los hilos!

Al pensar que Begoña seguía preocupada por él, sintió cómo el pecho se le llenaba de una energía renovada, como si le hubieran inyectado vida.

Terminaron de firmar el contrato. Mariano le extendió la mano a Álvaro y, con voz grave, soltó:

—Sobre lo de tu hijo Joaquín, que Agustín lo empujó a la piscina, y lo de la vez pasada, cuando mi esposa desapareció y casi pierdo la cabeza y destruyo el laboratorio... Te ofrezco disculpas.

Álvaro le estrechó la mano con firmeza.

—El proyecto de medicamentos innovadores con IA casi no le deja ganancias al Grupo Guzmán. El apoyo que le brindan a la investigación, señor Mariano, demuestra más pasión que cualquier disculpa. Yo, a nombre del Instituto, le agradezco su generosidad.

Mariano apretó todavía más la mano de Álvaro.

—Pero te advierto, profesor Álvaro: si llego a descubrir que tienes intenciones indebidas con mi esposa, así como puedo hacer que el Instituto levante un edificio, también puedo tirarlo todo abajo con mis propias manos. Espero que sepa mantener su distancia.

Álvaro no se quedó atrás. Recordó la mirada herida de Begoña la noche anterior, y no pudo evitar responderle con tono punzante:

—Si usted la amara de verdad, yo no tendría ni la más mínima oportunidad. Temo que el problema es que no ha sido lo suficientemente bueno con la señora Guzmán, y por eso tiene miedo.

Los ojos de Mariano se oscurecieron, apretando la mirada. ¿Se atrevía a desafiarlo?

Si no fuera porque no quería molestar a su esposa, en ese momento habría echado a Álvaro de Nueva Almería sin pensarlo. ¿Quién se creía para andar revoloteando cerca de su esposa?

Soltó la mano de Álvaro y, sin perder el porte, remató:

—Descuida. No vas a tener ni una sola oportunidad.

—¿La persona por la que te preocupabas hace rato está bien? —preguntó el hombre, notando que, al enterarse de su situación y después de recibir una llamada, Begoña se puso nerviosa y le pidió usar la computadora, como si tuviera miedo por alguien.

—Está bien —respondió Begoña, agradecida—. Gracias.

—Mejor ya no nos veamos —soltó el hombre, con un dejo de miedo en la voz.

Begoña asintió con remordimiento.

Años atrás, Margarita había murmurado frente a ellos que uno de sus pretendientes, al ser rechazado, se sintió tan humillado que se mudó con toda su familia. Incluso lo elogió por saber retirarse a tiempo.

En ese entonces, Mariano la abrazó y, como si nada, agregó:

—Por lo menos fue sensato.

Begoña sabía que a Mariano jamás le gustó que otros hombres se le acercaran. Siempre le pedía a Iván que los ahuyentara, así que con el tiempo dejaron de molestarla.

Pero de ahí a destruirle la vida a alguien, dejarlo lastimado...

Pensar en ese esposo que había dormido junto a ella seis años, capaz de hacer cosas tan crueles a sus espaldas, le provocó un miedo hondo, y el estómago se le revolvió de tal forma que no pudo evitar vomitar.

Después de conocer lo que le pasó al hombre y al recibir la llamada de Aurora, el corazón de Begoña se le subió hasta la garganta. Usó la computadora para infiltrarse en el sistema de monitoreo de tráfico cerca del Edificio Guzmán. Los celulares de Álvaro y Aurora tenían un chip especial, desarrollado por el Instituto, que les permitía comunicarse usando la señal local.

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