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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 219

Hace muchos años, la familia Pascual y la familia Duarte compartieron un lazo muy especial. El señor Duarte, en su momento, le salvó la vida al padre de Simón.

A partir de ese día, ambas familias se convirtieron en amigas inseparables. El señor Duarte incluso sugirió que los lazos familiares fueran más profundos y que unieran a sus hijos en matrimonio.

El padre de Simón no supo cómo negarse.

Él siempre pensó que daba igual con quién compartiera el resto de su vida; casarse con la hija de la familia Duarte también era una opción aceptable.

Así que, por decisión de su padre, se comprometió con Paulina, la hija de la familia Duarte que tenía la edad adecuada para casarse.

Simón no se opuso. Sentía que, al resolver su futuro matrimonial, podría concentrarse en sus grandes planes.

Pero todo cambió cuando conoció a Begoña.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que su corazón también podía latir con fuerza.

Entendió que la vida no era igual con cualquier persona.

En ese instante, el corazón de Simón palpitó con fuerza. Antes de que pudiera decir algo, Begoña giró de repente y se lanzó a sus brazos, abrazándolo con firmeza.

El corazón de Simón se aceleró de golpe, aunque su expresión permaneció inalterable. Miró hacia abajo, encontrándose con el rostro travieso de Begoña.

—Jefe, abrázame tantito —dijo ella con una sonrisa, como si nada quedara del mal humor de antes—. Mira, allá nos están mirando el señor y la señora.

Apenas unos minutos antes, Rafael y Carla se habían enterado de que Begoña había pasado la noche anterior con fiebre alta y quisieron visitarla. Al llegar al pequeño jardín, se toparon justo con la escena de Paulina y Simón, enredados en una discusión.

Se pusieron a cuchichear al oído.

—¿Cómo que Paulina ya le agarró la mano a Simón y ni Bego se inmuta?

—No inventes, ¡ya hasta se están abrazando!

—¿Qué onda con la gente que cuida a Simón? ¿Así es como lo protegen? ¿Dejan que cualquiera se le acerque?

—¡Que alguien los separe ya!

—Y Simón también, ¿pues qué no sabe cómo zafarse? Si no ha vivido eso, seguro lo ha visto, ¿por qué no aparta a Paulina?

—Si Simón se mete, nomás se va a hacer más relajo —dijo Rafael.

—Mira, Bego ni siquiera reacciona.

—Hay que organizar la boda lo más pronto posible, para que Paulina ya se dé por vencida de una vez —comentó Carla.

—Y la gente que trabaja con Simón, deberías decirles algo aprovechando que tienes influencia en el Gobierno. No por ser familia o amigos pueden saltarse las reglas. Sin el permiso de Simón, nadie debería acercarse de esa forma.

—Sería terrible que Begoña vuelva a malinterpretar las cosas.

—El corazón de una mujer solo aguanta pocas heridas. Si se lastima varias veces, después es casi imposible recuperarlo —añadió Carla con tono severo.

En ese momento, una figura alta y elegante apareció detrás de ellos y se dirigió directo hacia Simón y Begoña.

—Qué raro —murmuró Rafael—. ¿El señor Mariano? ¿No se supone que no conoce a Simón ni a Bego?

Mariano llegó hasta donde estaban ellos. Al verlo acercarse, Simón y Begoña se soltaron del abrazo. Los ojos de Mariano brillaban con una pasión imposible de ocultar; ya no había dudas.

—Tú no lo amas. No te engañes a ti misma —dijo Mariano, mirando fijamente a Begoña—. Ustedes no han hecho nada, no ha pasado nada entre ustedes. Solo estás con él para lastimarme.

Rafael y Carla, que acababan de acercarse, se quedaron boquiabiertos al escuchar esas palabras.

—Señor Mariano, ¿de qué está hablando? —preguntó Rafael, sin poder ocultar su sorpresa.

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