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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 371

Ricardo Maldonado había reservado una pequeña sala privada a través de la familia Mota. Insatisfecho con el espacio limitado, decidió salir para buscar a la familia Soler e intentar ganar su favor.

Sin embargo, no encontró a nadie en la planta baja. Justo cuando se disponía a subir al segundo piso, un miembro del personal lo detuvo.

—Señor, le pido que se detenga. El segundo piso está reservado exclusivamente para invitados VIP. Usted no tiene acceso.

Ricardo frunció el ceño, visiblemente molesto.

—¡Abre bien los ojos y fíjate con quién hablas! Soy el presidente de la familia Maldonado de Puerto Esperanza. ¡Es absurdo que me digas que no tengo derecho a subir!

El empleado no se inmutó.

—Lo siento mucho, señor. Le ruego que regrese a su asiento.

Ricardo, negándose a aceptar un no por respuesta, intentó forzar su paso.

En ese momento, una voz resonó desde la escalera, cargada de indignación.

—¡En una sala de subastas tan inmensa y me dicen que no hay ni un solo asiento disponible!

—Lo lamentamos profundamente, señor Llorens. Todos los lugares para esta noche están ocupados. No solo el segundo piso, sino que la planta baja también está a su máxima capacidad.

—¡Pero acabo de ver una sala privada en el centro del segundo piso con las luces apagadas! ¡Esa está vacía! —Nicanor señaló furioso hacia el balcón principal.

—Señor Llorens, ese es el palco de los responsables de la Gran Subasta Primigenia. Dieron órdenes estrictas de que nadie lo ocupe, así que le pedimos su comprensión.

—¿Y cómo esperan que lo comprenda? ¿Acaso pretenden que me vaya así sin más? ¡Qué van a pensar los periodistas de la familia Llorens si me ven salir de esta manera!

Ricardo se preguntó por un instante desde cuándo existía una familia Llorens de renombre en Puerto Esperanza, hasta que vio a dos hombres bajar las escaleras.

Uno tenía una postura firme, mientras que el otro caminaba ligeramente encorvado, en una actitud de evidente disculpa.

Agudizó la vista. ¿Acaso no era ese el presidente del poderoso Grupo Llorens de Veridia?

Recordó que este hombre estaba casado con la hermana biológica del mismísimo presidente Rafael Soler. Aunque la familia Llorens no tenía el mismo nivel de poder que los Soler, seguían siendo una figura inalcanzable para los Maldonado.

¡No podía dejar pasar una oportunidad de oro como esta!

—Señor Llorens, es un honor. Soy Ricardo Maldonado, presidente de la familia Maldonado de Puerto Esperanza.

Nicanor todavía estaba furioso. Una empresa insignificante de Puerto Esperanza no significaba absolutamente nada para él, así que lo ignoró por completo.

Al ver su reacción, Ricardo se apresuró a seguirlo.

—Señor Llorens, es probable que no me conozca, pero seguramente ha oído hablar de Roxana Soler. Es mi hija adoptiva. Me imagino que el joven Darío ya le ha mencionado algo al respecto, ¿verdad?

Los pasos de Nicanor se detuvieron en seco. ¿El padre adoptivo de su sobrina?

El corazón de Ricardo dio un vuelco y preguntó con cautela:

—¿Por qué me mira así, señor Llorens? ¿Acaso no hay esperanzas de que el joven Darío y Roxana...?

Nicanor dejó escapar una carcajada fría. ¡Con razón su hermano y su cuñada no lo habían invitado a subir! ¡El tipo era un completo idiota!

Aun así, terminó acompañando a Ricardo hasta la sala.

Poco tiempo después, Luisa Soler y Elba Llorens también fueron llevadas al mismo lugar.

Desde un ventanal en el segundo piso, Valeriano Sandoval observaba la reunión entre los Llorens y los Maldonado.

Sus ojos oscuros y profundos se entrecerraron, irradiando una gélida indiferencia en el más absoluto silencio.

—Valeriano, ¿qué miras con tanta atención? —preguntó Thiago Silva, acercándose por curiosidad después de admirar las pinturas de la sala, aunque no logró ver nada interesante.

—La familia Llorens acaba de reunirse con Ricardo Maldonado.

Thiago casi se atraganta con su propia saliva al escuchar la noticia.

—¿No habías dicho que los Maldonado aún no sabían que Roxana pertenece a los Soler? Entonces, ¿cómo terminaron juntándose con los Llorens?

—No lo sé. Tendremos que observar cómo se desarrollan las cosas —respondió Valeriano, desviando la mirada hacia el palco de la familia Soler.

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