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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 503

El rostro de Cristián se tensó. Ella era la fundadora de la marca de joyería más exclusiva, Maison Milán, así que, por supuesto, no le faltaban joyas.

—Roxana no le daría importancia a una baratija de unos pocos millones —intervino Ricardo Maldonado sacando un documento de transferencia de acciones que ya tenía preparado—. Mira, Roxana, este es el regalo que papá te preparó. A partir de ahora, tú mandarás en el Grupo Maldonado. ¿Te gusta?

Al ver el documento, la mirada de Roxana se volvió gélida.

—¿Me estás dando tus sobras?

La expresión de Ricardo se congeló.

—¿Por qué piensas eso? El Grupo Maldonado es el esfuerzo de toda mi vida, muchos quisieran tenerlo. ¿Cómo puedes llamarlo sobras?

—¿A quién intentas engañar? Todos saben que el Grupo Maldonado es un problema en este momento. ¿Me lo quieres dar para que yo me mate trabajando por la empresa? ¡Es una fantasía absurda. Qué iluso!

—Tú... —Ricardo estuvo a punto de ahogarse de la furia al ver que su plan fracasaba y, encima, lo insultaba llamándolo iluso.

Con rostro impasible, Roxana se dio la vuelta y se marchó.

Al escuchar los ataques hacia Ricardo, Cristián sintió una extraña sensación de alivio y equilibrio en su interior.

Parecía que Roxana todavía había sido un poco más amable con él.

Al menos no le había dicho iluso.

A su edad, a Ricardo le venía bien que lo pusieran en su lugar. ¡Se lo merecía!

—¡Ah!

Desde la habitación, un grito desgarrador de Alcira los sobresaltó.

Cristián y Ricardo se asustaron, pensando que había pasado algo grave.

Sin embargo, al entrar, vieron a Alcira intacta sobre la cama, por lo que ambos suspiraron aliviados.

Al verlos, Alcira comenzó a arrastrarse hacia Cristián como si fuera una oruga.

—¡Cristián, me duele mucho la cara! ¡Siento como si me estuvieran arrancando las heridas! ¿Acaso Roxana me hizo algo malo y me reventó las cicatrices?

Aprovecharía la oportunidad para acercarse más a ella.

Roxana salió del hospital y estaba a punto de pedir un taxi cuando vio que un conocido Maybach se detenía frente a ella.

Poco después, la ventana trasera bajó, revelando el rostro elegante y apuesto de Valeriano Sandoval.

—Sube.

Roxana no se negó y subió al coche con naturalidad.

—Vine a hacer unos asuntos por aquí y te vi salir justo enfrente, así que vine. No te molesta, ¿verdad?

Al ver su actitud cautelosa, Roxana sonrió levemente.

—Para nada, gracias.

—No tienes que darme las gracias, poder venir a recogerte es lo que más me alegra. —Valeriano sonrió con ternura y luego abrió dos compartimentos llenos de bocadillos y pasteles—. Estar aquí tan temprano debe ser para atender a un paciente, ¿cierto? Es muy agotador, seguro tienes hambre. Estos son algunos bocadillos que preparé para ti, fíjate si te gusta alguno.

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