La misma Rosalinda que hace unos segundos actuaba con prepotencia soltó un grito desgarrador.
—¡Ah, no la lastime! ¡Podemos hablar esto con calma! —El capitán de seguridad no se atrevió a intervenir por la fuerza y trató de mediar con desesperación.
Rosalinda sentía que le iban a arrancar el brazo.
—¡Maldita zorra! ¡Suéltame! ¡Si no me sueltas, haré que los abogados de la empresa te demanden hasta dejarte en la ruina!
Roxana aplicó más fuerza.
—Si ya no quieres tu brazo, sigue insultándome.
A Rosalinda se le saltaron las lágrimas por el dolor. No se atrevió a seguir haciéndose la valiente y se calló, humillada.
—¡Ding!
En ese instante, las puertas del ascensor se abrieron.
Daniel salió a paso apresurado. Llevaba rato esperando con ansias a que llegara su jefa, pero al ver que no subía, no pudo contenerse y decidió bajar él mismo.
¡Lo que nunca imaginó fue encontrarse con la épica escena de su jefa sometiendo a alguien en el vestíbulo!
—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué están peleando?
Al ver que era Daniel, Rosalinda comenzó a llorar a mares y le pidió ayuda.
—¡Daniel, esta mujer está loca! No es empleada de nuestra empresa, pero tiene acceso a los torniquetes. ¡Estoy segura de que ella es la ladrona que nos robó los presupuestos! ¡Llama a la policía, que no escape! ¡Si no nos deshacemos de este parásito, quién sabe cuántos empleos destruirá y a cuántas personas arruinará!
Habló con un tono de indignación moral. Estaba convencida de que alguien de la alta sociedad como Daniel le daría la razón y la miraría con otros ojos por su lealtad a la empresa.
Sin embargo, al escucharla, Daniel estalló de rabia.
—¡Idiota sin cerebro! Cualquiera podría dañar la empresa, menos ella. ¡Porque ella es la fundadora de M&R Global, y además es mi jefa! ¡¿Quién te dio el derecho de difamarla?!
Rosalinda y el capitán de seguridad se quedaron paralizados.
¿Fundadora?

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