—¡Roxana Soler, esto es el colmo! Ya estoy embarazada, si al tratarme así afectas al bebé, ¡ten por seguro que mi papá y Cristián no te lo perdonarán!
Alcira usó manos y pies tratando de levantarse, pero la fuerza de Roxana era increíble y no era rival para ella.
Roxana soltó una risa burlona.
—¿El bebé? Si Cristián Mota se enterara de que el hijo que esperas es de Carlos Valente, ¿crees que todavía se casaría contigo?
El rostro de Alcira palideció de golpe.
—¡Estás diciendo mentiras! Mi hijo es de Cristián, ya me entregué a él. ¡Si te atreves a arruinar mis planes, te mataré!
Roxana, al verla tan desesperada, la retó:
—Inténtalo, a ver quién termina muerta primero.
Alcira se enfureció por completo y se sentó de golpe.
—¡Sabía que mis padres nunca debieron haberte traído! ¡Alguien de tu calaña debió quedarse en el Orfanato del Valle para siempre y pudrirse ahí! ¡Si mi papá no hubiera escuchado a ese sujeto, nada de esto estaría pasando!
¿A ese sujeto?
Roxana captó el detalle clave. Con un movimiento rápido de su mano, clavó una aguja en uno de los puntos de presión de Alcira.
Al instante, Alcira sintió que no podía mover todo su brazo.
—¡Maldita, qué me hiciste!
Roxana esbozó una sonrisa enigmática.
—Nada, solo quiero saber quién es ese sujeto del que hablas. ¿Quién les dijo que fueran al orfanato a adoptarme?
Alcira entonces se dio cuenta de lo que había soltado y lo negó de inmediato.
—No me calumnies, yo no dije eso.
Roxana sacó otra aguja y se la puso directamente en la garganta. Su tono era relajado, pero rebosaba de una intención letal.
—Si no hablas, haré que no puedas hablar por el resto de tu vida. Sabes que mis habilidades médicas son increíbles, muy pocos en el mundo pueden igualarme.
Alcira aspiró aire, visiblemente asustada.
A lo sumo le haría pasar un mal rato.
Se dio la vuelta, abrió la puerta y salió.
Cristián y Ricardo pensaban que Roxana necesitaría varias horas, así que se sorprendieron al verla salir en menos de treinta minutos.
—Rox..., Doctora Alma, ¿ya terminó el tratamiento? —preguntó Cristián, incrédulo.
—Sí, pero en una hora la paciente empezará a sentir dolor en las heridas del rostro. Tendrán que vigilarla y asegurarse de que no se lastime.
—¡Entendido! —respondió Cristián rápidamente, sintiendo una alegría secreta en su interior. No por nada era la Doctora Alma, había curado a Alcira increíblemente rápido.
Luego, con entusiasmo, le entregó a Roxana las joyas que había ganado en la subasta la noche anterior.
—Gracias a usted, Alcira tiene la oportunidad de recuperar su rostro. Esto es una muestra de nuestro agradecimiento, espero que lo acepte.
Pero Roxana ni siquiera lo miró y lo rechazó.
—¿De verdad crees que me faltan esta clase de baratijas?

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